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Juego de trenzas, libro de cuentos, 2018, se publicó en la ciudad de Buenos Aires por la editorial Ruinas Circulares.

Juego de Trenzas
Cuentos
Rossemarie Caballero Vega

Apuntes sobre Juego de trenzas de Rossemarie Caballero

El pequeño volumen de ediciones “Ruinas circulares” sigue dando vueltas entre mis manos… los interrogantes se disparan y generan ventanas que dan a horizontes diversos…

Veamos: hemos leído otros cuentos de Caballero, también algunas nouvelles, poemas y textos periodísticos y ensayísticos. Sin dudas la impronta genérica, combativamente genérica, es la que se impone al lector, fundamentalemente, en sus producciones ficcionales. Esto ha sido reconocido por la crítica ( W. Muñoz, entre otros). Esta problemática es uno de los nudos gordianos de la sociedad contemporánea, y la literatura viene dando cuenta de ello; es en este punto donde comienza a configurarse el original perfil de la autora. La mirada femenina, la denuncia/reivindicación feminista, comunes a buena parte de las autoras contemporáneas, se conjugan en una muy personal orquestación que ofrece al menos dos aspectos particularmente relevantes: la variedad de registros verbales y discursos, y la libre combinación de recursos expresivos, que construyen una mirada compleja y caleidoscópica,  desafiante tanto de las representaciones “tradicionales” que ofrece la cultura, como de la destreza de las prácticas lectoras habituales. Pero esto sin buscados hermetismos ni pretensiones de vaticinio, sino más bien en una intensa apelación a la inteligencia, fundamentalmente emocional, del lector, aquí, sí, sin distinciones genéricas. Es la voz de la mujer, desplegada desde los sinuosos rebozos del yo, desde los diversos momentos de su recorrido vital y también desde los distintos espacios y roles sociales, que hace pie, estruendosa y orgullosamente, ante el mundo.

Pero si de “abrir ventanas” se trata, este libro, como otros de Caballero, nos posiciona ante una inconfundible entonación latinoamericana, que, como en toda buena literatura, sabe a local y se afinca en lo universal. El poeta Luis Andrade Sanjinés sostiene: “Rossemarie Caballero más que boliviana es latinoamericana; y más que latinoamericana, universal, como heredera en línea directa de la más acendrada, y ya rica, tradición woolfiana, de la cual es tributaria, pero con un concepto auténticamente personal y latinoamericano (…)” … Entonces, la voz femenina va generando acordes con los ecos nacionales y continentales, lo cual explica el renovado interés de la crítica y también la llegada de su obra a los lectores de diferente origen y experiencia.

Esta trayectoria escrituraria de Caballero ha abierto, también, ricas y renovadoras sendas en el campo literario de su país, según señala el escritor W. Muñoz “una importante contribución en la búsqueda de nuevas formas literarias para las escritoras bolivianas”; sin dudas se trata de una escritura pregnante, no sólo por su novedad en lo estilístico (en su más amplio sentido), sino también por la selección de las temáticas y su tratamiento, en dinámico despliegue. Pero también la tarea de indagación, reflexión y convocatoria de la autora, desplegada con particular intensidad en estos últimos tiempos (antologías de autoras de distintas ciudades bolivianas, artículos críticos), ha contribuido a consolidar este perfil señero de la cochabambina. Y esto conecta con un perfil “típico” del intelectual latinoamericano (hasta hace no mucho casi reservado a los hombres) que excede largamente la tarea artística y se proyecta a la animación cultural, la docencia, el periodismo, al estilo de nuestra imprescindible  Poniatowska.

Juego de trenzas sigue dando vueltas, como un pequeño cosmos, un Aleph ante mis ojos de lector, escritor, hombre, y, casualidad o no, afloran, por detrás de la presencia reclamante, azorada, esperanzada o resignada de la voz femenina, la variedad y originalidad textuales… ¿relatos breves? ¿miniensayos? ¿escenas?…. todo esto un poco, y como apunta sagazmente D. Averanga Montiel en el prólogo, textos breves con un acusado grado poético y con ”un espacio que expone su microuniverso (…) sobre todo atiborrado de espacios para establecer ideas, y, mejor aún, incógnitas”. No hay un orden visible en estas composiciones gestadas a lo largo de cierto tiempo; más bien son instantáneas donde personaje y narrador por momentos amalgaman su voz, en una polifonía definidamente ilocutoria. Un mundo “resuelto” que en su pretendida estabilidad, arrincona, contorsiona a la mujer que grita, a veces desde su silencio hostil o el gesto airado; pero ella también sabe jugar, trenzar dolores y sueños en la diaria jungla del vivir; por otra parte, este Juego de trenzas también se conjuga en las variables existenciales de la autora. Difícilmente este abigarrado pero consistente volumen narrativo/argumentativo podría haber brotado de una pluma con menor recorrido por los diversos géneros, ficcionales y no; difícilmente las variadas y complejas instancias que florecen en el reducido espacio de estos textos podrían articularse sin la adocenada, comprensiva reflexión que da el tránsito comprometido por los fluctuantes senderos de la existencia.

La escritura de Rossemarie Caballero registra decididamente los rasgos más insoslayables de la cultura contemporánea, atravesada por la violencia y una inaprehensible, impenetrable liquidez. Recursos ligüísticos, y retóricos; selección, combinación y modalidad representativa de temas y problemáticas responden al irrenuciable designio de enunciar la realidad desde una mirada femenina y latinoamericana, es decir desde una cuerda irremplazable en el coro de lo humano. Y en esa cuerda, la belleza inconfundible que trasunta la voz que me llega desde este pequeño, inabarcable Juego de trenzas que se obstina entre mis manos.

Claudio Simiz

Letras Itinerante, un blog de colombia con el apoyo de Eliana Soza, publicó una apreciación y el cuento retrato de Bodas de la autora Rossemarie Caballero

LETRAS ITINERANTES (19)

Rossemarie Caballero

Este número de Letras Itinerantes está dedicado a la escritora Boliviana, nacida en la ciudad de Cochabamba, Rossemarie Caballero (1961). En esta ocasión nos comparte dos de sus cuentos breves, que son parte del libro “Juego de Trenzas”, uno de los libros de relatos que tiene publicados.En su trabajo narrativo, sutilmente, destapa una variedad de temáticas cotidianas revelando experiencias escalofriantes. Sus letras nos transportan a la intimidad de los personajes, nos dejan ver sus almas y así logra que nos identifiquemos con cada uno, aunque no siempre lo hagamos de forma abierta, por falso pudor. Disfruten ustedes mismos de sus letras.

Edición a cargo de Eliana Soza Martínez

https://letras-itinerantescolombia.blogspot.com/2019/02/letras-itinerantes-19.html?fbclid=IwAR0LDomdZ8b8SDhewCrJMlzXTjyHvxYxnTxn6vm47nUhWfgl-x6bJmpwRBk

Texto en contratapa por el poeta y profesor de literatura Claudio Simiz.

A mitad del balcón

Tomó un sorbo de café, asomó al balcón, e hizo un furtivo movimiento de caderas; Manu le gritaba, dale dale, daleee. Ella se enderezó, percibió el aroma a albahaca que provenía del parque, pero esta vez no bailó.

En otoño anochecía temprano; por eso, entre las cinco y las seis, Manu llegaba hasta el conglomerado de un parque vecinal desde donde podía distinguir el balcón de una casa y, a sus 16 años de edad, comenzaba a disfrutar del movimiento de caderas de una mujer anticipando un mundo de sensaciones.

Manu la había visto una tarde por casualidad, la miró bailar a través del balcón, ella giraba dale, dale, daleee. Desde aquel día, él, ahí, agazapado entre los arbustos, la espiaba. Ella, infatigable, bailaba, dale, dale, daleee, usaba una pollerita fucsia con vivos azul y amarillo y una blusita de flecos que combinaba con el ritmo del dale, dale, dalee.

De pronto la música paró, las luces se apagaron, y Manu se descubrió solo, en medio de un paraje oscuro, espiando una casona abandonada.

Cuando la película estaba a punto de terminar, la chica le preguntó si le había gustado el masaje que le estuvo practicando mientras él simulaba mirar el filme. Él, desconcertado, respondió, claro, claro que sí, divino. Eres una diosa.

Ella interrumpió la intimidad en el momento preciso y se dirigió al cuarto de baño, suspiró hondo percibiendo el aroma del jabón de tocador y desde allí gritó insinuante.

– ¿Quieres que nos bañemos juntos?

Manu se incorporó con desgano y se dirigió al balcón.

– Pero, primero pedime un deseo, dijo él encendiendo un cigarrillo.

– Haceme un capresse, le dijo ansiosa ella, y un café.

El agua de la ducha caía a chorros y la chica reía. Vení, Manu, le desafiaba. Manu, apostado en el balcón intentaba concentrarse en el presente.

Nadie en el parque.

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