Virginia Estenssoro, Icono de las mujeres escritoras de vanguardia, nació en La Paz, Bolivia, adelantada a su época en siglo XX. En 1937 publicó El Occiso y revolucionó el estado de las cosas pues la sociedad boliviana no se encontraba preparada para comprender su obra. Vivió gran parte de su vida en Brasil. El Proyecto Ec-B ha tomado a Virginia Estenssoro como símbolo del movimiento literario de las últimas décadas.

Portada de la antología Escritoras Contemporáneas Bolivianas, 2019

Texto en contracubierta de la Antología por la novelista Amalia Decker.

Conociendo a las autoras bolivianas

NARRATIVA DE MAGELA BAUDOIN


MAGELA BAUDOIN
 
Nació en Caracas, 1973. María de los Ángeles Baudoin es periodista, escritora y profesora universitaria boliviano-venezolana. Es fundadora y coordinadora del Programa de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA). Estudió comunicación en la Universidad Católica Boliviana y realizó estudios de postgrado en Comunicación periodística, institucional y corporativa en la Universidad Complutense de Madrid; y la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Salamanca.
Es autora del libro de entrevistas Mujeres de Costado (Plural 2010); de la novela El sonido de la H, con la que recibió el Premio Nacional de Novela 2014 (Santillana-Bolivia); y del libro de cuentos La composición de la sal (Plural 2014), que ganó el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez (2015), ha sido traducido al inglés y al portugués y editado en Colombia, México, Bolivia, Argentina, Perú, Chile, Ecuador, España, Brasil y Estados Unidos. En 2019 será traducido al árabe y publicado en Egipto por la editorial Al Arabi. Sus cuentos y reseñas han sido recopilados en antologías y en revistas impresas y digitales como El malpensante (Colombia), Escritores del mundo (Argentina), The Short Story Project (España), Revista Ñ y Círculo de Poesía (México).

Moebia

La certeza de que todo está escrito nos anula,

nos afantasma.

 J.L.B.

La noche había sido larga y rondaba en la cárcel un silencio mal habido que tenía rastros de venganza, o al menos eso quería creerse, porque si no todo aquello resultaba incomprensible. El alcaide no pudo con el cuadro: tu hombre estaba desnudo, con el pantalón en las rodillas, sucio, echado boca arriba en la colchoneta, borracho o drogado aún, la baba chorreándole y la criatura tirada a su lado, las piernas abiertas, arqueadas y laxas como una muñeca quebrada. Sin alma.

Esta vez sí, Magdalena; ese que en la cárcel llamaban “tu hombre” había despertado en el infierno, sacudido por las botas de los guardias y sin entender la razón de los gritos que lo rodeaban. Pequeñas y punzantes porciones de luz fueron regresándolo a la realidad, mientras iba acostumbrando la vista y de a poco podía enfocar. Con dificultad se había incorporado, cuando vio pasar el cuerpo de tu hija envuelto y, arrodillado como estaba, tratando de avanzar hasta ella, había terminado de bruces contra el suelo: desmayado. La siguiente vez que abrió los ojos, según te contó, se encontraba en una sala verde, en medio de una luz mortecina y oliscando los cigarrillos que alguien fumaba muy cerca, con la nariz y la frente crecidas como un corcho seco, pero todavía latiendo. “¡No he sido yo, lo juro!”, lloró, y esas fueron las bases de su única defensa.

No. Lo tuyo no fue ingenuidad, Magdalena. Hay en la ingenuidad inocencia y desconcierto. Y tú nunca fuiste inocente. Puedes decir, si así te calmas, que para ti Moebia había dejado de ser la encarnación del horror, del mal moral, de la putrescencia. Que Moebia ya no era para ti una cárcel, sino apenas una construcción arcaica, un palacio laberíntico con sus torres y con sus tantas habitaciones como colmenas de adobe. Que, en el extremo más inverosímil, vivías en una especie de territorio paralelo, sin presente ni futuro, sin importar que allí se mezclaran todas las lenguas y raleas y que habitaran hombres, mujeres y niños en una promiscuidad de serpentario. Y jurar, incluso, que nada de eso era tan cierto ni era tan grave y que lo que en realidad valía era el peso enorme de tus razones. Unas razones mayores: la niña, claro, y Rafael… Puedes, de hecho, pasarte hablando lo que quieras y seguir redundando en círculos concéntricos.

Los fantasmas te rodean. El tiempo alivia en la penumbra de la memoria, pero esa liberación no te toca ahora porque todavía no estás dispuesta a olvidar. Tendrías que deshacerte de él, Magdalena. ¿Y con qué te quedarías? Por lo menos tienes que Rafael no te mintió, que nunca estuvo en él engañarte, que siempre fue él sin máscaras. Pocos hombres deben haber en el mundo con tan poca vergüenza de sí mismos, con tanta impudicia. Ni siquiera cuando lo atraparon por llevar una treintena de huevos en las entrañas hizo un gesto de contrición. Ahí lo tomaron preso y fue a dar a Moebia por tres años casi cumplidos, cuando ocurrió lo que ocurrió. Pero Moebia no fue para él una condena sino una predestinación. Rubio y bien educado como era, había conquistado la simpatía de moros y cristianos y desbordado de amor al Pata. Rafael poseía carisma y una capacidad innata para seducir que no tenía fronteras y que le había proporcionado una estadía llevadera y libre de tacha. Desde el momento en que llegó a la cárcel fue detectado, pues se notaba a distancia entre la indiada: los rulos dorados y largos hasta los hombros, el pecho de estatua y unos ojos titilantes que reían todo el tiempo. Sus ademanes carecían de vulgaridad, pero no llegaban a ser femeninos, y poseía una distinción tal que conmovía a la primera —te constaba—, por lo cual era la ficha perfecta para llevar y traer, para ir y venir, para dar y recibir.

El Pata, en cambio, era un hombrecillo con la quijada marcada por la hoja de un puñal desde los trece años, que había entendido el negocio de la droga como el ministerio de la fascinación. Esa era su especialidad, primero el endulzamiento; y luego la esclavitud. Lo habías observado bien. Elegía a sus presas y las gozaba por uno o dos días. Las ungía proporcionándoles toda clase de privilegios y deseos: banquetes, zambras, efugios… Pero sobre todo se esmeraba en crear en ellos una frágil certeza de indemnidad, de amor propio, de protección filial, que iba intercalando con ritos de iniciación cada vez más salvajes. De esa manera llegaban como animales sumisos, con una oreja rota o con una violación consumada. Luego, los reducía al olvido; no les prodigaba ni un soplo, sino órdenes y castigos, hasta que nuevamente eran iluminados.

Pero Rafael fue diferente. Lo hipnotizó desde el principio, igual que a ti; en eso debes reconocer que eran como hermanos de sangre. No tardaste en imaginar la primera escena: Rafael llevaría puestos los vaqueros ajustados, que siempre vestía para destacar su gran paquete. Una mirada de reptil lo habría recorrido, deteniéndose en las nalgas redondas, ceñidas por la delgada tela, y concentrándose en la visión febril de empalarlo… El resto te lo contaron. El Pata lo abordó sin recato, le ofreció protección y lo retuvo. Esa misma noche lo esquinó como una planta trepadora, pero también aulló atravesado por él, dominado por su fuerza, rendido ante su hermosura. Tu hombre era consciente de su magnetismo telúrico. Deambulaba vacante. Las más de las veces dormía con el Pata, pero también podía enroscarse con un guardia o cabalgar sobre la mujer de algún otro preso. El Pata lo dejaba… ¿Por qué fue tan difícil para ti comprender su naturaleza?

Hoy ya ha pasado lo trágico y lo inconcebible. El tiempo jerarquiza las proporciones del dolor. ¿No piensas en esto cuando repites como una autónoma el cepillado de tus dientes blanquísimos, de arriba hacia abajo y luego de abajo hacia arriba, muchas veces por lado, primero en las caras exteriores y luego en las que son más inaccesibles para las cerdas del cepillo? ¿Cuánto tuvo que ver tu arrogancia, Magdalena? ¿Lo piensas? Llegaste un día gris. Querías dar un golpe en lo alto. El periodismo era para ti un tipo de despotismo moral, que practicabas siguiendo tu olfato hacia la grandeza. Y el hambre de grandeza es insaciable. Estabas dispuesta a usar todo tu valor y todo tu poder en ello. Te conocías bien. Había algo repulsivo y a la vez atrayente en ti; algo ofensivo y temible quizás por tu inteligencia, por tu radar para la hiel, por tu inigualable don para preguntar. ¿Qué más anhelabas? ¿Trascender? No te engañes, no fue por falta de trofeos, Magdalena; los tenías todos. Era más que admiración lo que buscabas, en tu anodino corazón lo que deseabas era afecto, apenas que te quisieran. Pero quién iba a quererte, Magdalena. Ni tú te querías a veces. Se decía que odiabas a las mujeres, pero no era cierto, solo despreciabas la belleza. Ese era un truco de la niñez, con el que tendías un manto de desdén sobre aquello en lo que no eras buena. No, no te veías imperfecta, Magdalena. Te mirabas horrenda, fea hasta la basca, grotesca hasta la soledad. Pasabas horas inmolando tu cuerpo, ejercitándote, porque con ello producías un carácter resuelto y desenfadado, que agravaba tu altanería.

Te abrieron las puertas de Moebia. Así es la omnipotencia del miedo. Fuiste persistente y, en efecto, casi lo logras. ¡Casi! Creíste que podrías doblegar el curso de los acontecimientos pues en ese empeño eras notable. Pero no. De todas formas, hay que reconocerte una cosa: cualquiera pudo denunciarlo, pero solo tú estuviste dispuesta a escribirlo. Las largas colas de los días de visita no eran de familiares, sino de peregrinos que venían de todo el mundo a esta meca de la falopa. Eso sí era una primicia.

Mentiste sobre tus intenciones para entrar. Dilo sin eufemismos: engañaste. Pero, cuándo te importaron realmente los procedimientos. Una tarde, decidiste dar con el Pata y así dinamitar la mitología de su historia. Lo anunciaste con petulancia frente a la sala de redacción: “Si quitas de los héroes toda la parafernalia simbólica, te quedas con la carne”. Estaba en tus planes conocerlo, pero Rafael te lo impidió. El taconeo de tus botas lo había despertado de la siesta, pero fingió que dormía, cruzado en una hamaca que obstruía el paso. Podría haber apostado que lo contemplabas, que recorrías las molduras de su abdomen o el circuito de su bragueta desabrochada expresamente, pero lo cierto es que cuando abrió los ojos para sorprenderte, mirabas hacia el fondo.

—He venido a hablar con él —le dijiste, segura de que sabría quién eras.

— ¿Por qué no hablas conmigo? —te contestó sonriendo—. Puedo contarte lo que quieras.

—No me interesa —le respondiste. (Fragmento)

34. NARRATIVA DE AMALIA DECKER


AMALIA DECKER MARQUEZ
Nació en Cochabamba, Bolivia. Escritora y periodista de profesión. Fue conductora y directora de varios programas televisivos de corte político; coautora de estrategias de comunicación; columnista del periódico nacional, La Razón; columnista del periódico Opinión de Cochabamba; corresponsal del periódico La Opinión de Los Ángeles de Estados Unidos. Ejerció también la profesión en México, país al que llegó por los avatares de la política. 1982 fue diputada de la UDP, en el gobierno del Dr. Hernán Siles Suazo. 
Es autora de las novelas Carmela (2001), bajo el sello Alfaguara, cuyas tres ediciones fueron agotadas; Tardes de lluvia y chocolate (2006), Alfaguara; Tardes lluvia y chocolate es traducida y publicada al portugués (2008), bajo el sello Quid novi; Tardes de lluvia y chocolate, se publica en edición de bolsillo (2009) Quid Novi; Tardes de lluvia y chocolate se traduce y pública al italiano (2009), bajo el sello Cairo Editore; Yo, la reina de sus sueños (2009), Alfaguara. Es también coautora del libro Constructor de ideas (2013) publicado por Página Siete; y El Che, miradas personales (2017) Plural Editores.
El año 2009 Alfaguara publica su tercera novela, Yo la reina de sus sueños. En mayo de 20015, el Grupo editorial Kipus publica la quinta edición de Tardes de lluvia y chocolate, junto a sus otras novelas. El mismo año 2015, el grupo editorial Kipus, publica su última novela Mamá, cuéntame otra vez, la misma que está en la tercera edición. En 2017 la Universidad Libre de Bruselas, traduce al francés con fines académicos su primera novela Carmela. Tardes de lluvia y chocolate es publicada en su sexta edición (2019). Fragmentos de su obra figuran en la antología Escritoras Cochabambinas, poesía y narrativa, editada por el Grupo editorial Kipus, Cochabamba, 2018.
Amalia Decker ha sido invitada a formar parte del Consejo editorial de la presente antología Escritoras Contemporáneas Bolivianas, junto a la co equiper brasileña Márcia Batista y a la gestora y directora del proyecto literario EC-B, Rossemarie Caballero Vega.

Intento fallido

Quiero que este instante de mi vida tenga un carácter inaugural. He dormido poco, como siempre, pero no por las razones que habitualmente suelen agobiarme sin o por la turbación que se siente al volver a empezar. Sé que debo derribar barreras, y una de las más importantes es superar el miedo. De hecho, es la primera vez que no siento el terror que cala los huesos y por eso me atrevo a confesar la parte más secreta de mi vida. Sé que el miedo va y viene, y lo tengo que enfrentar. No sé si el resultado sea el que busco, en todo caso es lo que yo decidí. No puedo seguir condenándome al abandono. En estos meses, días, horas, segundos, he podido sentir la eternidad del tiempo muerto. Y eso me aterra más que nada, desaprovechar la vida que nos fue regalada como un milagro: vivir sin vivir.

Voy a empezar por el hecho más macabro y sé que debo hacer fuerzas de flaqueza para rememorar ese episodio. Todavía hoy, a pesar del tiempo transcurrido, me parece estar despertando de una terrible pesadilla.

«Señora, no sé si me va a creer esto que le voy a decir. Le juro por mi santa madre que es la purísima verdad. No soy un asesino. Me movió el sentimiento —al principio solo pude ver los ojos de quien me hacía esa confesión. Eran de un café avellana intenso y parecían estar a punto de llorar—. Me sentí obligado por las circunstancias… No se imagina lo arrepentido que estoy de haber aceptado semejante trato, aunque poco importa eso ahora».

Yo no me había movido de la bañera, estaba aterrada y cubierta con la cortina de baño. Fue él quien me pasó la bata. Me llamaron la atención sus manos finas de largos y delgados dedos, bien podían ser las de una mujer.

«Es probable que por mi falta de decisión —dijo, haciendo un giro y dándome la espalda para brindarme la libertad de ponerme la bata— alguien a quien quiero mucho y yo mismo, seamos quienes más peligro corramos… —calló unos segundos y, ante mi silencio, siguió hablando y tronándose los dedos con desesperación—. Me convertí en su sombra. Le seguí los pasos día y noche. Confieso que no descubrí nada. Bueno, sí. Supe de su encierro. De su soledad. La primera vez que la vi salir de su apartamento parecía un ser etéreo: frágil y liviano».

Pude, mientras hablaba el hombre que no se había sacado el pasamontañas, sopesar su estatura. No era ni alto ni bajo, buen tamaño. Con una admirable forma física. «Es la primera vez que entro a su departamento —me dijo mirando a su alrededor, como quien descubre dónde está—. Me quedaba fuera unos minutos más, haciendo guardia por si usted volvía a salir. Hoy era el día… Y, todavía, no sé qué fue lo que me detuvo en seco. Me convertí en mi propia estatua. A los pocos minutos que usted ingresó al edificio, fui tras suyo. Subí hasta su piso por las escaleras. Caminé hasta su departamento sigilosamente. Esperé unos minutos antes de abrir la puerta con la llave que él me dio… —contuvo la respiración y luego, como quien exhala el aire  contenido,  siguió  hablando—. Sí, sí, qué más da, se lo debo decir, fue su marido… De pronto empezó a sonar una melodía, ocasión que aproveché para ingresar a su morada sin ninguna complicación. Atravesé aquel pasillo y llegué al lugar de donde provenía la música, una vieja y conocida canción que yo había oído en la voz de Manzanero, aunque esta vez estaba interpretada por una mujer. Involuntariamente la repetí mentalmente por unos segundos. Sólo sé que vi llover, vi gente correr y no estabas tú. No estabas tú. La la la la y, no estabas tú’. La puerta no se hallaba totalmente cerrada. Pude ver su amplio dormitorio. Desde mi ubicación tenía una buena visión. Debo reconocer que quedé deslumbrado con su imagen reflejada en el espejo. Descubrí durante la semana un rostro angelical y lleno de luz, pero no había sospechado ni remotamente encontrarme con su cuerpo de diosa. Disculpe mi atrevimiento, pero todavía siento mi humanidad estremecida por la emoción… Por unos segundos olvidé mi propósito. Era como si su cuerpo se hubiese apoderado del mío quitándome la voluntad. Estaba usted sentada al borde de la cama, ajena a mi indiscreta presencia. Vi cómo se quitó las medias de seda. Sentí miedo pensando que sólo soñaba y que esa imagen en el espejo se podía volatilizar en fracciones de segundo. Froté mis ojos para comprobar que todo era verdad. Mi visión cambió. Estaba usted parada frente al espejo. Sus pupilas miraban la nada, mientras yo no me perdía uno solo de sus movimientos. Cuando sus brazos se dirigieron hacia su espalda y, con una rápida maniobra desabrochó el corpiño, dejando sus hermosos senos al descubierto, mi agitación, para mi sorpresa, creció al punto de acelerarme el pulso. Luego, sin mucho preámbulo, se quitó los calzones y sujetó su larga y castaña cabellera en un moño improvisado. Respiré hondo y sentí un fuerte escalofrío al recobrar la lucidez y recordar cuál había sido el propósito que me condujo hasta este lugar. Tenía los minutos contados…Ignorando mis pensamientos y mi presencia silenciosa, usted, desnuda, se encaminó al baño. Esta vez tampoco cerró totalmente la puerta. Se oía el ruido de la regadera y pude adivinar que ya se había metido bajo las gotas calientes del agua. Sonaba diferente. Entonces imaginé su cuerpo desnudo y mojado. Empujé la puerta con suavidad. El vapor había inundado el baño, pero tras la cortina translúcida podía adivinar las estilizadas líneas de su humanidad. Sentí una punzada en el corazón por tener que emprender una tarea tan pesada y desagradable. No soy un asesino, se lo juro—recuerdo que sus ojos parecían suplicar—.Jamás en mi existencia he matado siquiera una araña. Simplemente no me podía detener, aunque mire usted…, lo hice. Asumí ese compromiso, no por una necesidad económica. No soy mercenario…Pero ese es otro tema del que no viene al caso hablar». (Fragmento de la novela Yo la reina de sus sueños, Alfaguara, 2009)

33. NARRATIVA DE MARIANA RUIZ


MARIANA RUIZ ROMERO
 
Nació en Tarija, Bolivia, en 1982. Estudió Filosofía y letras en la UCB, tiene un magister en Relaciones Internacionales por la universidad de Córdoba y un Diplomado en Educación Superior por la UMSA. Está casada y vive en La Paz, Bolivia. Actualmente es presidenta de la Academia Boliviana de Literatura infantil y juvenil y se dedica a escribir.  Es la autora de los cuentos infantiles Uma y el círculo mágico (2009), Uma y el tren a las estrellas (2011), Uma y el guardián de los animales (2013), Uma y la laguna encantada (2014), Uma y la cueva de los murciélagos (2016), Uma y la tierra de los jaguares (2017) y Uma y el fuego misterioso (2018).
Escribió las novelas juveniles: El baile de los dioses (2014) y Aventuras de un escarabajo en Japón (2017); todos publicados por el Grupo Editorial La Hoguera. Además, es miembro de número de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil. El 2018 ganó el segundo Concurso Nacional de Literatura Infantil Abrapalabra, con el libro de cuentos Días de mermelada.
Empezó su carrera literaria publicando literatura para adultos, con el libro Los secretos de Rosalba, primera edición en editorial Nuevo milenio, Cochabamba, 2006, y segunda edición Editorial La Hoguera, Santa Cruz, 2013.

El sonido del torrente

Ya estás casi listo, te pones las botas con un último esfuerzo, tomas el bastón y el sombrero y te diriges a la calle. Nadie te controla, pero al pasar le avisas a tu nuera que estás yendo a ver el partido. El clásico. Ella sabe que no irás a la cancha, hace años que no vas, pero sabe que tu salida puede significar varias cosas: el bar de la esquina, para verlo en televisión. La tienda, para escucharlo por radio mientras te acompañan otros jubilados. Incluso puede querer decir que te irás hasta la Plaza, tranquilo, poniendo el alma en cada paso, mientras intentas ignorar el llamado del torrente.

Se ha hecho más fuerte cada vez. Antes, cuando eras joven y te parabas un momento en medio de la cancha, tratando de ver por dónde vendría la pelota, sintiendo el sol, el cielo, la lluvia, el torrente era apenas la sangre que retumbaba en tus oídos, pasando por tu interior, agitando tu corazón y quitándote el resuello. Para cuando el partido había acabado, el torrente era apenas un murmullo, y el llamado se fundía en el atardecer, junto con los otros ruidos de La Paz: los bailes, los cohetes, los bocinazos.

Luego, cuando dejaste la cancha por la borrachera, el llamado se hacía oír muy cerca, demasiado cerca. El río mismo te llamaba: el agua susurrando, agitada por las lluvias, su lecho un revoltijo de basura. Cruzar los puentes para llegar a tu casa te ponía nervioso, y terminabas siempre casi sobrio al otro lado, apenas con unas copitas, ansioso por acallar ese ruido que suspiraba tu nombre en el viento.

Ahora, ya estás jubilado. Nadie te espera, tu mujer ha muerto. Vives con tu hijo y tu nuera, en el cuartito del fondo, y cada vez te es más difícil salir de la cama, vestirte, ponerte las botas, salir a la calle. Tu nuera te mira, esperando, contando los días para no lavarte más la ropa, saludándote con la cabeza gacha, mascullando entre dientes. No la culpas.

Hoy decides que no verás el partido por la tele. Tampoco lo escucharás por radio. Irás a la Plaza. Quieres hacer un poco de ejercicio, así que cruzas el puente desde San Antonio, tratando de no mirar hacia abajo, de no escuchar el insistente llamado del torrente.

Un día, lo sabes bien, le harás caso, te abandonarás por fin al lento susurro de tu nombre, para caer, resbalar, sumergirte, revolcarte y tragar agua; hasta hincharte todo, abotargado por la espuma, sucio y hediondo, un anciano desaparecido más, un NN devorado por las aguas, dándole gusto a tu nuera, pena a tu hijo quién sabe. Libre, en paz: libre de ponerte las botas, libre de luchar con el baño, libre de ser un peso muerto en esta tierra, flotando, río abajo, boca arriba, al fin tranquilo.

Pero no hoy. Hoy simplemente agarras con más fuerza tu bastón, y te diriges lentamente hacia la Plaza.

(La Paz, 21 de diciembre de 2017)

POEMA DE MICAELA MENDOZA


MICAELA MENDOZA HÄGGLUND
 
Nació el año 1981 en La Paz, de padre boliviano y madre sueca. Creció y desarrolló sus estudios en Sucre. Poeta, psicóloga transpersonal y enlazadora de círculos de mujeres. Coordinadora nacional de la Entidad civil de Musicoterapia en Bolivia MUSAB. Fue soprano lírica del Ensamble vocal Novi Orbis, dirigido por el reconocido contratenor Rodrigo Alcoreza.
 
Publicó el libro Lo mágico sombrío el 2010 (Editorial Pasanaku), el cual tiene reseñas en la prensa boliviana y revistas virtuales de Chile y Argentina. Parte del grupo literario Letras transgresoras, de Sucre. Ha participado en festivales, publicaciones y antologías de poesía nacionales e internacionales (México, Chile, Argentina, Italia, España, Perú). Es creadora del fanzine ecofeminista Felinas en 2012, de edición cartonera. Ha realizado intervenciones poéticas dentro de la obra musical de diversos artistas como Ruddy Franco, Sibah, Gitte Pálsson.
 
 En 2016 lanza el disco musical y poético sonoro Éter junto al proyecto Mandala (Álvaro Dávalos como contraparte musical en vientos y cuerdas, Micaela en la parte vocal e instrumentos idiófonos junto a músicos invitados) que explora canciones y mantras de diferentes culturas además de la musicalización de sus poemas. Su libro Áticos sonoros (Editorial 3600) es condecorado como I Premio Nacional de poesía Ópera Prima, 2018, convocado por la Cámara departamental del libro de Santa Cruz-Bolivia. Gestora de las tertulias literarias Artilugio poético en el café arte Sultana de la ciudad de La Paz.
Bautizos
 
Yo canto, no es invocación. Solo nombres que regresan.
Alejandra Pizarnik
He cambiado
de nombre
intentando
llamarme a mí misma
en otras lenguas extintas.
He sido nombrada
cantando letanías
en español
en aymara
en sueco
en gurmukhi
en feérico
en arameo
Liturgia de mis identidades,
ceremonias de bautizos,
renombramiento
de mis metamorfosis
de lo mismo.
[ Áticossonoros -Editorial 3600, 2018]

POEMAS DE MARIA LUISA RENDÓN


MARÍA LUISA RENDÓN VALLEJOS
 
Nació en 1960 en Asunción (Paraguay), en el exilio político de su padre Guillermo Rendón, Comunicador, Político (F.S.B.), escritor. Es hermana mayor de una familia de cuatro. Su madre fue doctora en Bioquímica y Farmacia, igual que su hermana menor también Bioquímica – Farmacéutica. Sus estudios secundarios culminó en el Colegio Santa Ana de la ciudad de Oruro. Culminó sus estudios secundarios en el Colegio Santa Ana de la ciudad de Oruro, al mismo tiempo egresó de la Escuela de Arte María Luisa Luzio, donde estudió piano. Cursó en Estudio de Danza Contemporánea con Melo Tomsich.  
De profesión odontóloga, con Posgrado en Endodoncia en la Universidad de Loyola – Chicago U. S. A. Tiene maestría en Educación superior. Desempeñó cargos como Jefe de Operatoria y Endodoncia, Jefatura de Clínicas en la Facultad de Odontología de la. Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba donde actualmente es docente, habiendo escrito el Manual lexicográfico odontológico (1995) y Endodoncia, Guía Teórica – Clínica (2000), a la vez que varios aportes como fruto de su práctica profesional y docente.
Durante sus estudios de Arte escribió sus primeros poemas que más adelante saldrían publicados en Arte y Cultura (Primera plana, La Paz); Teluria; Revista del Pen Bolivia, Cochabamba; El Adjetivo y sus Arrugas, suplemento literario de La Paz. Su producción aparece, entre otros, en la antologíaEscritores en Cochabamba el último siglo (1999) compilado por Pen Bolivia, Editorial Canelas: Cochabamba; Las Tres Marías (2010), antología compilada por Carlos Rimassa, edición cartonera;  y  la antología Escritoras Cochabambinas, poesía y narrativa (2018), compilada por Rossemarie Caballero, Homero Carvalho y Gaby Vallejo. Grupo editorial Kipus: Cochabamba.
 
Su obra poética la conforman los poemarios Huellas (1998), Usted (2000), Revelaciones (2003), Contrasilencio (2007), De rompiente agua (2011). Próxima publicación Laberintos danzantes. Junto a dos colegas poetas participa en la segunda edición de Las Tres Marías, antología de poesía.
I
(a los amigos que no están y a los que
continúan cómplices en este viaje)
 
 
Y teníamos
vocación de presagios
de trayectos invocados
la casualidad del adobe.
Los entreabiertos de visiones
en la indecorosa maleza
sin saber de las agujas
de las cicatrices,
pero héroes.
Escarcha inmóvil
hito de invierno
colgando en los árboles
el epílogo
el canto olvidado del morral
para volar amigos
                                                                       estos dragones,
                                                                                  volar.
 

II
 

Me abro paso
                                               a veces encuentro
                                               algún ascenso descubierto
                                   en mi camino resuelto
                                                                       fugaz
                                               fugaz el paso descubierto
fugaz la aparición
                                                           de nuevos sentidos
                                               como un animal el tiempo
                                                                       araña mi pecho
                                                                                  tortuoso
                                                                                  sin fondo.
                                               Los atardeceres son ritos
                                                                       llameantes
                                                           inquietos
                                                                       de luz.
 

NARRATIVA DE TERESA CONSTANZA RODRÍGUEZ


TERESA CONSTANZA RODRIGUEZ ROCA
Nació en Santa Cruz de la Sierra. Es egresada de la Normal Superior Nacional Católica, Cochabamba, como profesora de secundaria, español e inglés; diplomada en pintura y fotografía de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Sydney-Australia. Formó parte del taller literario dirigido por Félix Della Paolera, en Buenos Aires-Argentina; del taller de cuento contemporáneo impartido por Guillermo Samperio, en Ciudad de México. Cursó los tres ciclos de la teoría y práctica de la escritura del cuento contemporáneo, en la Escuela de Escritores, Madrid – España.
Ha vivido en Alemania, Los Emiratos Árabes, Australia, Zimbabwe, Nigeria, Argentina, Venezuela y México, donde enseñó inglés, alemán y/o español en diferentes colegios y universidades; entre ellos, en el Colegio Seminario San Ignacio de Velasco y el Colegio Alemán Santa María (Bolivia); así como en el Fairfield High School (Sydney-Australia) y en la Universidad Karl Ruprecht (Heidelberg-Alemania). Desde 1999, pertenece a la Asociación Internacional de Poetas, Escritores y Narradores (PEN-Cochabamba) y es miembro de la Sociedad Cruceña de Escritores Germán Coimbra Sanz (SCEGC).
Sus relatos aparecen en revistas de cuento y suplementos literarios de Bolivia, Perú, Chile, México, España, Alemania y Australia. Forma parte de la Antología de Cuentos de la Asociación Mundial de Escritores (PEN Internacional); Antología de Narrativa y poesía Concilio de sentidos (México), y de Estandarte, revista digital (España). Además,  Antología del Cuento Boliviano de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, BBB, (2016); Antología de Cuentos extraordinarios de Bolivia (2017); Antología Iberoamericana de microcuento (2017); Antología de cuentos Erótica (2017); Antología de cuentos de misterio (2017); Antología de Escritoras cochabambinas (2018); Antología de Escritoras cruceñas (2019). Está incluida en la revista de ficción breve peruana Plesiosaurio (2017). Ha sido incorporada a la Revista Narrativas, España (2018), que versa sobre diversos aspectos de la narrativa contemporánea.
Con el minicuento Isoglosa figura entre los seis ganadores en el Concurso Nacional de Guiones Cuéntanos un corto (2017), cuentos que fueron llevados a la pantalla grande en 2018. Con el relato La víbora obtuvo el Premio Nacional de Cuento Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela (2004), y fue finalista en el Concurso Nacional de Cuento Adela Zamudio con el relato Presa del instante (2013). Es autora de dos libros de cuento y minificción: Función privada y otros cuentos, Fontamara, 2005 (Ciudad de México) y Noche de fragancias, relato breve y minificción, Ediciones Correveidile, 2015 (La Paz-Bolivia). Vive en Cochabamba, Bolivia.

Capitalinos

Parece que hiciera una eternidad desde que Madame entrara en mi cuarto aquella noche calurosa. Había despedido a Bode-Akim, ya no quería tenerlo de vigilante. “Y no pienso reemplazarlo con ningún capitalino, son unos sanguinarios. ¿Sabías que cuando muere un cacique, nadie camina por las calles?”

Yo también me había enterado de que los abujenses entierran a sus personajes ilustres con seis cabezas que plantan delante del sepulcro; es la manera de asegurar que el gobernante no esté solo en su travesía final. Tuve ganas de hacer algún comentario pero me dominé; no quise angustiar a mi Señora. Luego me pidió que, aparte del jardín, me ocupara de la vigilancia. Cómo no iba a dar contento a esos ojazos de ave nocturna, si nunca pude negarle un solo deseo a mi patrona.

Las vueltas que da la vida. Yo que era profesor en Chad ahora estoy de vigilante y jardinero. Asumí el puesto de vigilante sabiendo que iba a ser un fastidio ponerme el grueso uniforme azul, sobre todo en la época de harmatán, cuando el viento cálido y seco del Sahara cubre tejados y plantas con una fina capa de arena.

Cuidar el jardín era mi distracción preferida. Después de barrer el patio y regar las plantas, dormía delante de mi caseta bajo la sombra de palmeras jóvenes. A veces mi siesta se estropeaba con los timbrazos de los clientes de Madame. Yo pedía al extraño su nombre para detectarlo en la lista de visitantes permitidos. Otras ocasiones me despertaba la voz cristalina del muecín llamando al tercer Azalá. Entonces me ponía la túnica blanca y empezaba a rezar sobre la alfombrita verde, obsequio de mi padre cuando partí de Chad.

Todo andaba de maravilla, hasta que Fabiola, mi mujer, llegó el rato menos pensado; baja, famélica, con el sol quemante en cada poro, caracoles negros en su cabeza, veneno puro en sus labios. En el valle del Chari cundía el rumor de que yo andaba enamorado. Dizque una rubia de sospechosa reputación me tenía loco. Por nada más Fabiola había recorrido tantos kilómetros en las arenas del desierto.

En medio de la discusión, vi el rostro descompuesto de Madame; su mirada era un vadi de aguas turbias. El oasis de mi buena suerte estuvo a punto de convertirse en espejismo, pero al final y aunque de mala gana, Madame aceptó la presencia de Fabiola, incluso le dio una ocupación: sería la encargada de vender cigarrillos y refrescos en el quiosco instalado por mis paisanos y mi persona, justo a la entrada de la casa. Yo seguiría cumpliendo con el arreglo del jardín, la vigilancia y las exigencias particulares de Madame.

Un sábado de luna redonda, bajo la débil luz de lamparillas de aceite, Jalil, Zemé, Hissen y yo tomábamos chai en mi cuarto, contábamos historias de nuestra tierra. De pronto, un golpe metálico resonó en el jardín. Nos miramos todos, no zumbaba ni un mosquito. Ninguno de mis compañeros se prestó a salir conmigo.

Apenas me había alejado dos metros de la puerta, una máscara yoruba se estampó contra el resplandor de la ciudad.

—Fuera de aquí, extranjeros malditos —habló aquella boca inmóvil. Y a mis espaldas, alguien le hizo coro:

—Sí, hemos pinchado las llantas del auto de tu querida Madame; dile que en otra, le volamos la casa.

El bulto estaba pegado a mi sombra, la cual empezó a temblar horrores cuando vi que veinte ojos brillantes surgieron del bush cercano. Había dejado la puerta abierta, por lo que no fue difícil dar tres zancadas hacia mi cuarto, entrar y asegurarla con el pestillo grande. (Fragmento)

DRAMA DE MARY MONJE


MARY CARMEN MONJE DOMÍNGUEZ
Nació en La Paz. Directora, actriz de Teatro y  gestora cultural. Licenciada en Artes Escénicas de la Escuela Nacional de Teatro de Bolivia. Realiza una labor dentro del teatro desde 1999, incursionando también en el Video. Ha estudiado actuación con importantes maestros de Francia, España, Bolivia y Argentina. Ha participado en importantes grupos de teatro, asistiendo a diversos Festivales Nacionales e Internacionales de Teatro. Ha organizado Festivales, talleres y eventos relacionados con el quehacer escénico.
Viene trabajando en la ciudad de Santa Cruz desde el año 2006 con El Baúl Teatro, del que es Co- fundadora y con el que hasta el momento ha estrenado más de 12  obras de teatro. Dos de los textos escritos en colaboración Silencios, palabras que duelen. y Morir antes, han sido puestos en escena. Participó de diversos talleres de dramaturgia con importantes maestros como Luis Miguel Gonzales Cruz (España) y Lautaro Vilo (Argentina), fue seleccionada para el laboratorio de dramaturgia del proyecto Panorama Sur con Ariel Farace (Argentina).
Trabajó con grupos de mujeres, usando el teatro como herramienta de empoderamiento, entre ellos Mujeres Migrantes de la fundación Tahipamu. Realizó talleres con niños, jóvenes y adultos.  Fue coordinadora del VIII Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz de la Sierra. Recibió un reconocimiento por parte de la empresa VIVA Fundación estas VIVO por su aporte a la cultura en la ciudad de Santa Cruz. Se desempeñó como responsable cultural del Centro Simón I. Patiño.
 
Dos de los textos escritos en colaboración Silencios, palabras que duelen, y Morir antes han sido puestos en escena. También ha escrito varias obras para talleres con jóvenes y niños. Realizó el texto Pequeño preludio a un suicidio amoroso para el taller de Patricia García “Ser y Estar”, el mismo que ha sido publicado en la Revista digital Esencia, Dramaturgia Boliviana. Ha escrito para diversos proyectos abocados al trabajo con mujeres. Su obra y su respectiva valoración aparecen en la Antología del Proyecto EC-B: Escritoras Cruceñas, poesía, narrativa y drama (Editorial Kipus, 2019). Vive en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Postales Familiares

Obra en cuadros.

Cuadro 1

Familia reunida en la mesa, intentando encontrar una pose para la fotografía familiar, todos se paran y se alistan en pose. Todos cambian de posiciones, con la misma cara de pelotudos, así varias veces, prueban varias poses.

Mamá: ¿Qué pasa, no salimos bien?

Hijo: No es eso, es que no me gusta sacar fotos

Papá: Que lo haga la niña

Hija: Ay, Papá, por favor, déjalo que haga algo.

Abuelo: Con un golpe se soluciona.

Silencio. Se sientan a la mesa.

Abuela: Hice mi famosa sopa de lentejas.

Hijo se suena la nariz estruendosamente. Lo miran.

Silencio.

Padre: Y bueno, (con obligación) ¿cómo estuvo el día?

Hijo: Bien

Padre: ¿Ah sí? ¿Productivo?

Hijo: Obvio, terminé mis clases de inglés, trabajé. Pagué la deuda de la casa…

Padre: Sí, productivo, ya veo.

(Grito de niños)

Madre: Por favor diles que se callen, tenemos vecinos.

Hija: ¡Son niños!!!

Abuela se ahoga, tose, todas la miran nadie hace nada.

Abuelo:¿Todo bien, vieja?

Abuela: Sí, sí. Ya se me pasó.

Silencio.

Abuelo:(riendo solo) Una mujer le pregunta a su hijo. ¿Te llenaste hijo? Si, responde, con agua mamá.

Jajjajaja (solo el ríe)

Hija: Papá fui a buscar trabajo.

Papá: Muy bien mi chiquitita, bonita, mi lucecita.

(Hija pone cara de niña se da cuenta, cambia)

Como te decía, parece que hay dos posibilidades…

Niño llora, Hija sale.

Mamá: Pero que niña tan insensata, trabajar, con hijos y sin marido.

Hijito ¿una o dos de azúcar?

Hijo: Dos mamá, siempre tomo dos, todos los días me preguntas lo mismo…

Abuelo: Esos niños son unos malcriados, dos bofetadas bien puestas y se arregla.

Todos al mismo tiempo.

Abuela: Eres una bestia, no vas  a cambiar nunca.

Abuelo: Vieja no comiences que aún tengo fuerza.

Mamá: Es lo que yo le digo pero no me escucha

Hijo: Bueno, yo creo que es su decisión, finalmente…

Papá: Increíble, tanto cuidarla para que se meta con el primero que pasó.

Hija: ¡Silencio!!!!

¿Puedo traer a los niños?

Silencio, todos se miran, nadie dice nada.

Hija: Los arreglé, están lindos.

Mamá: Los niños…es que hija…nos van a ensuciar.

Papá: Sí, se mueven mucho

Abuelo: Hija mejor si no salen, sí, son lindos pero…

Hija: (Nerviosa) Es una mesa familiar, todos deberíamos poder comer juntos, por eso es una mesa familiar, ¡esa es la razón!!!!

Hija: ¿Ven? Por eso necesito dinero.

(Todos la miran. Mueven la cabeza y se van)

Hija: No es tan difícil de entender.

(Todos salen mamá e Hija se quedan limpiando)

Cuadro 2

Mientras limpian.

Mamá:(Risa nerviosa) Qué suerte, dos nietos, qué maravilla…

Hija: Nada mejor que niños criados con familia ¿no?

Silencio.

Mamá: Una casa llena de niños revoleteando. (Risa nerviosa)

Hija: Sí, lindo, ¿no?

Silencio.

Mamá: ¿Te ayudo?

Hija: ¿Qué?

Mamá: ¿Si yo te ayudo? ¿Con los niños?

Hija: Sí, a veces, cuando puedes.

Mamá: ¿Trabajarás?

Hija: Si puedo.

Silencio. Mamá saca un pañuelo le limpia los mocos como si fuera una chiquilla.

Mamá: Las mujeres tienen que trabajar, siempre lo he dicho, siempre, si hay que trabajar, es importante, creo. Yo nunca trabaje, no necesitaba, Siempre en casa, con los niños ¿sabes?, lo normal ¿no? Crié a los tres chicos yo sola, lo normal ¿sabes?, un padre bueno, preocupado, nunca nos falto nada, lindo, todo lindo. Pero hay que trabajar, digo, los chicos crecen, y una se queda sola, con o sin marido sola, sola de que solo te queda eso ¿sabes?, pero lindo 3 niños…pero chas, despiertas y nada, sola…nada de que hablar, solo eso niños, crianza, casa, pero lindo sabes. 3 niños muy lindos.

Silencio. (Fragmento)

NARRATIVA DE ROXANA SELUM


ROXANA SÉLUM YABETA
Nació en San Ignacio de Moxos, Beni, Bolivia, el año 1960, actualmente radica en la ciudad de La Paz. Escritora y Comunicadora Social, cronista y poeta. Se dedicó desde muy niña a la escritura de cuentos, novelas y poesía. Su narrativa ha sido incluida en varias antologías nacionales e internacionales.
Ha publicado libros de cuentos y relatos, D-Efectos Especiales, Editorial Acción Naturaleza, Ediciones del Ventarrón, noviembre de 1991, siendo la primera mujer que incursionó en el género erótico en Bolivia, y Monólogo para Tres y otros Relatos, editorial Gheisa, La Paz-Bolivia, noviembre de 2004.
Su obra figura en Mi intimidad sin ti, Antología del cuento erótico boliviano, Alfaguara: La Paz, 2001; Publicación  en el libro Medusa de Fuego 1: Roxana Sélum Yabeta y Giovanna Rivero Santa Cruz, Editorial La Hoguera, Santa Cruz Bolivia, agosto de 2003; Publicación semanal de crónicas, relatos y poesía en  el Semanario La Época de La Paz Bolivia, desde enero de 2001 al 2006; Publicación de narrativa en la Antología de Escritoras Mujeres Bolivianas La Otra Mirada, Editorial Santillana – Alfaguara, La Paz – Bolivia, 2000; Publicación de narrativa en Antología del Cuento Boliviano, 1995, Editorial Acción, compilador Manuel Vargas, 1996, La Paz – Bolivia; Publicación de narrativa en Antología del Cuento Femenino Boliviano, editorial Los Amigos del Libro;  compilador Manuel Vargas, La Paz- Bolivia, 1997.
En el campo virtual, figura en  el libro Escritoras Bolivianas – una Revelación desde la escritura, Universidad de Iowa, Estados unidos, 1997, compiladora Kathy Leonard. URL: http://fuentes.csh.udg.mx/cuesh/sincronía/summers 98, y mantiene actualizado su sitio como Blogger en el blog: http://goceyplacer.blogspot.com.

Flor de Azahar

Flor de Azahar en sus lides amatorias contrajo un síndrome que la volvió inmortal, ya que para continuar viviendo, tenía que alimentarse de sexo.

Ocurrió que cada noche cuando las luces del pueblo se apagaban, ella salía a deambular por las calles y hombre que encontraba, hombre que violaba, demás está decir lo que experimentaban, nadie, nunca después de esa travesía, podía sobrevivir a tanta pasión.

Cuentan los más habladores que volaba, que era etérea, que se mecía cual palmera al viento y que el coito con ella era supremamente hermoso.

Los decires cuentan que un hombre tenía que aparecer, capaz de matarla y no sucumbir ante sus encantos, solo así ella podía desaparecer y tal vez un día volver a  reencarnar como humana, pues ya nadie sabía lo que era ella. Los más avezados decían que se volvió extraterrestre, otros que se convirtió en ángel solar, y los más lengua larga, dijeron que era una hada de fuego.

Un hombre joven debía matarla, tenía que salvarlos del arrebato de la pasión desenfrenada que la tal Florcita generó en el pueblo. Fue tanta la locura que los hombres salían de doce a tres y de tres a seis, dormían de día  y paseaban de noche esperando encontrarse con la diosa. Esto generó un desorden total, pues la producción agrícola bajó, las mujeres por seguir a sus maridos abandonaban la casa y también dormían de día, ya nada era igual, todo se estaba yendo a pique en el pueblo. Por eso  las autoridades con las Juntas de Vecinos decidieron poner fin a ese tremendo lío.

El cómo y quién la mataría, ese era el gran problema. Alguien sugirió a Rubén Vaca, hombre viejo dado a los quehaceres de la venta de pastillas caseras para curar la impotencia sexual, pero éste se excusó diciendo que él no era un asesino, sino un hombre de bien y de buenas costumbres. También dijeron que sea don Chanta, pero éste dijo- Ni en pedo- yo menos.


Se realizó un Cabildo con las autoridades indígenas y carayanas, para así decidir por votación quién sería la persona que le clave una estaca en el corazón. La decisión fue tomada, eligieron por votación a Tobías, hombre robusto y dado a las buenas costumbres, profesor de Historia de la escuelita parroquial e incapaz de recurrir a las tentaciones. Meticuloso, ordenado, “metido a cura”, pero lo que nadie sospechaba era que en esa fachada se ocultaba un hombre apasionado como pocos. La decisión no estuvo mal, pues detrás de todo buen hombre, siempre se esconde un animal.

Fue así que todos los hombres debían abstenerse de salir por las noches, solamente Tobías debía caminar por las calles pajolientas de aquel pueblo escondido en la selva verde. Noche tras noches, Tobías paseaba entre las sombras esperando encontrarse con la reina de las pasiones, nueve días y nueve noches penó su alma, hasta que al fin apareció, sentado, fumando un cigarro esperó el encuentro.

Grande fue su sorpresa porque Flor de Azahar no llevaba ropa, solo una gaza de tul blanco le cubría el rostro y de sus pechos colgaban dos estrellas que cintilaban al movimiento de sus caderas de fuego, una estela de luciérnagas la escoltaba y suspendían en el aire su cabello negro, formando un arcoiris de luz, y sobre su pubis, una luna, sus pies no tocaban el aire, pues Unicornios alados muy pequeños, la suspendían.

Se miraron, sin decir palabras, se amaron tiernamente, después ella desapareció volando arrastrada por los unicornios y las luciérnagas y voló, voló, voló en las alas del viento.

Tobías mintió al Cura y a las Monjitas, al Alcalde y al Subprefecto, al vecino y a las autoridades del Cabildo Indigenal, al Comité de Damas heridas en su Orgullo y todos le creyeron que la mujer no apareció esos días y lo hizo, porque se enamoró jodidamente de Flor de Azahar.

Cuentan que estaba atontado, que casi no comía y sólo esperaba la noche para encontrarse con su Flor.

Luego de una cuarentena de encuentros fallidos, tuvo que matarla. Estaban haciendo el amor cuando sintió que una estaca atravesó su corazón. Un quejido de dolor cruzó el Cenit que en todo su esplendor la luna  le alumbraba. Otro quejido aún más poderoso atravesó el silencio de la noche, era él que lloraba arrepentido por lo que había hecho.
Las luces del pueblo fueron encendidas para tal efecto y las campanas repicaban en tono de muerte, los curiosos aparecieron por todas partes, ahí estaban los dos, ella tendida en el suelo y él llorando, dicen las malas lenguas que nunca más volvió a tocar la flauta ni a enseñar, que se enloqueció.

La noche que murió Flor de Azahar les causó mayores sorpresas, pues su alma incapaz de soportar tanta miseria, salió del cuerpo por el ombligo y vagó, vagó…. Viajó en las alas del viento. Cuentan que aparece en noches de luna llena, en noches de cuarto menguante y de cuarto creciente.

 
Nadie nunca más la poseyó, porque ya no es de este mundo.

(del libro Monólogo para tres y otros relatos, Gheisa Editores, La Paz, Bolivia, 2006)

NARRATIVA DE ROSARIO BARAHONA



ROSARIO BARAHONA MICHEL
Nació en Sucre. Es escritora e historiadora boliviana. Estudió en el colegio de las Hijas de Santa Ana. Más tarde, estudió Narrativa en la Universidad Andina Simón Bolívar y siguió la carrera de historia en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca. Vive en Sucre. Actualmente realiza un posgrado en escritura creativa, y se desempeña como Jefa de Museo de la histórica Casa de la Libertad.
En los últimos años ha publicado varios trabajos de investigación histórica, tanto como literarios. Sus temas de investigación se concentran, en general, en los procesos sociales y vida cotidiana del siglo XVIII charqueño. Autora de varios artículos de historia boliviana. Entre éstos: De Asturias a La Plata: la vida y entorno del doctor Josep de Suero González y Andrade (2010) trabajo que dio pie a su novela histórica Y en el fondo tu ausencia (2013). Su primera novela, Huésped (2010) fue finalista del Premio Nacional de Novela, Alfaguara (2003), y su cuento Cuando tus palabras resonaban armadas, ganó la mención de honor en el V concurso nacional de cuento Adela Zamudio (2011).
En 2012, obtuvo el Premio Nacional de Novela con su obra Y en el fondo tu ausencia (Alfaguara, 2013). En 2017 publicó el cuento Cosas consabidas, con la editorial ecológica cochabambina Yerba Mala Cartonera, que en 2018 fue traducido y publicado en inglés por la revista literaria Latin American Literature Today, y próximamente será traducido al italiano.
Asimismo, participó de diversas antologías, entre las que destacan Sed y sangre. Antología de cuentos de la Guerra del Chaco (2017), El Che, miradas personales (2017), la antología internacional de cuento titulada Carne de mi carne, realizada en conmemoración a los 200 años del nacimiento de Frankenstein, la novela gótica de Mary Shelley, (Plural/Mantis, 2018) con el cuento Yo sé de tu delirio, y la reciente antología boliviano-paraguaya que reúne a 22 escritores (11 bolivianos y 11 paraguayos) titulada Mar Fantasma, publicada recientemente en agosto de 2018. Vive en Sucre, Bolivia.

Yo sé de tu delirio

Dos

Chester Square No. 24, enero 6 de 1851

Había dispuesto el costoso servicio de porcelana blanca con el dibujo de una diminuta cabaña azul en perspectiva para ofrecer el té al médico cuya visita tan esperada se convirtió en todo un acontecimiento. Dos semanas y media esperando a que su asistente encontrase un espacio vacío en sus ocupadísimos días y confirmase la fecha y hora de su visita a casa, y hoy, por fin lo había logrado.

El consultorio médico, que gozaba ya de gran prestigio en la ciudad y empleaba a una enfermera y un asistente, se encontraba cerca de la casa. Es cierto que no era un caso extremo,  pero desde hacía unos días atrás, la paciente, que no era cualquier paciente,  sino una señora respetable por su posición social y su notable fama de escritora, permanecía en reposo absoluto.

Así que más allá de juramentos hipocráticos y conductas éticas, el caso implicaba una mayor buena voluntad.  La esquela dejada indicaba que el médico visitaría a la paciente a las cuatro en punto de la tarde.

Por eso, Jane, o Lady Shelley, como le comenzaba a gustar que la llamasen, no había dejado nada al azar, mucho menos ahora que toda la responsabilidad de la situación recaía sobre sus espaldas y que responder a la confianza que su esposo le había otorgado dejándola sola en casa con su madre enferma, era su prioridad.  Ahora que su suegra, aquella mujer extraña a quien había aprendido a tomarle afecto, se encontraba enferma, y el trabajo de Percy Florence le obligaba a ausentarse de la ciudad por largas temporadas, no tuvo más remedio que tomar las riendas del gobierno de aquella casa de  cerrado y secreto desván y grandes ventanales que jamás pensó percibir tan abarcadora mente suya.

Cortó entonces todas las rosas blancas del jardín, quitó las espinas con las tijeras de podar y las acomodó en un jarrón de porcelana de la mesa central del estudio que su suegra había bautizado como el salón de Diana, donde a diario ella solía escribir, pero ahora serviría para conversar con el anhelado médico después de la consulta.

Subió a su habitación y se puso su vestido gris y rojo, de amplio, tupido plisado. Mirándose al espejo, tomó el peine de madera y se partió el pelo rubio por la mitad de la cabeza, para después recogérselo hacia atrás en un poco estirado, delicado moño bajo.

Se dirigió a la habitación de la enferma y le retiró la toalla de su frente, ya seca de tanta fiebre absorbida. Echó fuera a la servidumbre y, levantando la rosada sobrecama rellena de plumas de ganso, desabotonó el blanco camisón. Exprimió y volvió a empapar una esponja en un lebrillo metálico y con ella  lavó y secó a la enferma de cuerpo entero. Luego, con bálsamo de agua salina, masajeó un poco los talones heridos, ampollados con el horror de las escaras.

Limpió también el rostro con toques suaves de una toalla limpia y húmeda y aplicó vaselina de almendras sobre los labios resecos. Retiró de sus mejillas aquellos cabellos entrecanos, alborotados durante la noche y los peinó con suavidad, deteniéndose con paciencia en cada nudo, ayudándose a desenredar cada hebra con la yema de los dedos. Era larguísimo el cabello de Mary Shelley, pues suelto y lacio, calculó que le llegaba a la cintura. Percy Florence y Peggy, o la señora Howard, como ella llamaba a la antigua ama de llaves, le contaron que desde su juventud siempre lo había llevado largo: creía a rajatabla que su cabello era parte indisoluble de su alma y por tanto, sufría cada vez que quedaba encinta y por consejo de los demás debía cortárselo para que creciera con más fuerza, pues solía ponérsele débil, quebradizo y se le caía a cada paso. Quizá por eso, después de la muerte de sus tres hijos, dejó que el cabello le creciera hasta rozar sus rodillas, y lo habría mantenido así para siempre si en la última temporada los médicos no la hubieran obligado a recortárselo, argumentando que el peso de su cabellera sería la probable causa de la aparición de aquel maldito bulbo en forma de raíz de jengibre que había comenzado a crecerle debajo de la piel del cráneo.

Con pesar, Jane pestañeó al recordar eso y le pareció notar, entonces, con la luz vespertina que entraba, un rastro de gótica belleza en esa enferma de cabellos infinitos de ceniza, en esos pómulos pálidos coronados con un par de cicatrices de viruela, en esos párpados dormidos pero de pestañas oscuras, tupidas y extensas, en esas ojeras, aureolas violáceas, como rastro de un dolor contenido. (Fragmento)

DRAMA DE LUZ MARIA ACHÁ



LUZ MARIA ACHÁ TORO
Nació en Tarija en 1952. Profesora de Literatura y Lengua Española, Secretaria Ejecutiva y Licenciada en Derecho. También hizo estudios de Teatro y Declamación.
Su actividad cotidiana es la docencia en Literatura, ha sido profesora de Teatro y Declamación en la Escuela Nacional de Música Mario Estensoro; directora de los ciclos básico e intermedio del colegio Santa Ana, directora del Teatro de la Universidad Juan Misael Saracho, se ha presentado en escenarios de su ciudad natal, Sucre, La Paz, Yacuiba, Orán (Argentina). Ha producido programas culturales en radioemisoras Tarija y Los Andes. Fue directora del suplemento dominical Cultura de Altura, y responsable de la página literaria de la revista Aire del periódico El Nacional.
 
Producción literaria Lirios y Cardos (poemario, editorial Ideas, 2009); Hiedra y Mar (poemario, editorial Real, 2019); Entre Telas y Entretelas (cuentos y relatos, inédito), No soy especial (drama en un acto y doce escenas, edición artesanal, 2018). Sus poemas forman parte de las antologías Arcilla Iluminada (p. 97- 101), Antología de las Estrellas, pág. 13-15); Antología del Castillo Azul, p. 77-80; Antología de la Poesía Contemporánea Tarijeña,  pág. 5 – 7. También han sido publicados en “laletralibre” (Suplemento dominical de El Nuevo Sur) 31 de agosto, 2008, p. 3 y  Cántaro (Suplemento dominical de El País, 7 de septiembre, 2008, p. 2.
 
Recibió distinciones en 2009 Embajadora Universal de la Cultura, por la Unión Latinoamericana de Escritores y la Unión de Escritores y Artistas de Tarija; en 2009, Placa de Honor, por la Federación de Maestros Urbanos de Tarija, en reconocimiento a su aporte al desarrollo cultural; en 2011, Diploma de Reconocimiento y Medalla de Honor al Mérito Educativo, por la Comisión de Educación y Salud de la Honorable Cámara de Diputados, mediante Resolución CES/151/2011-2012; en 2013, Ciudadana Distinguida de la Ciudad de Tarija y la Provincia Cercado, por el Concejo Municipal Deliberante de Tarija, mediante Ordenanza Municipal Nº 064/2013; en 2014 Diploma de Honor al Mérito Cultural, en el VII Encuentro Internacional de Escritores por la Unión de Escritores y Artistas de Bolivia y la Unión Latinoamericana de Escritores.
No soy especial
Drama en un solo acto y doce escenas
Tarija – Bolivia
 
PERSONAJES
MARÍA.-  Sencilla de 30 a 35 años
DIRECTORA DE COLEGIO.- Altanera de 40 a 50 años
LOCUTOR.- Simpático de 20 a 25 años
CERCO DE POLICÍAS.- Uniformados
GRUPO DE DISCAPACITADOS.-
ESTRELLA.- 15 años
SEÑORA.- 40 años
PONCHIN.- 60 años, en silla de ruedas
NIÑO CIEGO.- 10 años
CARLITOS.- 50 años, parece niño
HIJO.- 10 años
MADRE.- 30 años
2 VECINAS.- cualquier edad
4 A 6 ACTORES PARA EL RESTAURANTE.-
2 JOVENES.-
DIRECTORA DE GESTIÓN SOCIAL.- 40 años
2 FUNCIONARIAS
4 A 6 PERIODISTAS Y REPORTEROS.-

Al abrirse el telón, el escenario está oscuro, solo una luz cenital enfoca al personaje de pie en un primer plano, izquierda.

MARIA.- Mi nombre es María, nací en un pueblo pequeño, me vine a la ciudad porque quería independizarme, crecer, conseguir una vida mejor; el primer día tuve miedo al ver las luces de la ciudad, el movimiento, tanta gente, los autos, pero pensé: si todos ellos viven aquí, por qué yo no he de poder. Caminé mirándolo todo y cuando me cansé entré a un local a buscar algo para comer. Un mozo me ofreció lo que tenían para almorzar y entre los platillos y la atención a los demás comensales me hacía preguntas, le dije que necesitaba trabajar, me comentó que allí precisaban una ayudante de cocina. Me quedé a trabajar allí y también empezó una relación con Juan, el mozo que me atendió, nos entendimos y decidimos vivir juntos, así me ahorraría el alojamiento. Me embaracé y nació Estrella, hermosa, como son todos los hijos a los ojos de su madre, pero hubo un problema en el momento del alumbramiento, no lloró inmediatamente, el médico dijo que había tenido paro respiratorio, al crecer me di cuenta de que era lenta para hablar, de movimientos torpes, las manitas y los piecitos un poco torcidos, por lo que caminaba con cierta dificultad y no podía correr. La gente me decía que la lleve aquí o allá para que la curen. Cuando llegó a la edad escolar ingresó a la primaria, pero las maestras siempre la trataron de retrasada mental.

La luz cenital se mueve hacia un centro derecha, donde habrá un escritorio ocupado por la directora del colegio.

DIRECTORA.- Tiene una actitud altanera, viste traje formal Señora, lo sentimos mucho, ya no puede quedarse la niña aquí, este no es un centro especializado, que es lo que necesita su hija.

MARÍA.- Mi hija no necesita un centro especializado, solo un poco de paciencia, su ritmo es menor al de los demás chicos “normales”, pero no es tonta, razona, habla,…

DIRECTORA.- Sí, razona, pero cuando la maestra va por el segundo tema, ella apenas ha captado el primero; habla, pero es difícil entenderla, hay que poner mucha atención; además, como no maneja bien las manos no puede escribir, y usted comprenderá que esto representa un perjuicio, la maestra no puede detenerse en ella y desatender a la mayoría del curso.

MARÍA.- Mi Estrella no necesita un centro especializado, aquí tiene que estar y ustedes tienen que ver qué puede aprender, ella no es tonta, razona, habla, se da cuenta de todo.

DIRECTORA.- Téngala usted en su casa y vea qué le puede enseñar, aquí es imposible.

Se apaga la luz cenital que alumbra a la directora, mientras María avanza hacia adelante, se retira el escritorio y se ilumina todo el escenario, volvemos a la madre sola.

MARÍA.- La llevé a otros colegios, pero después de algún tiempo, cuando iba a recogerla, volvía a tener las mismas o parecidas razones para despedirla. Por cierto que de lo avanzado, ella tenía conocimiento solo un poco, necesita mayor cantidad de tiempo para aprender, pero ninguna profesora ni directora entiende niestán dispuestas a cooperar. Ella tiene su ritmo y debemos dejarla que se desarrolle a su ritmo.

Se oscurece el escenario. Aparece una caja que simula ser un televisor, dentro un actor lee el informativo. –Al principio la luz está dirigida solo a él.

LOCUTOR.- Crece el problema con los discapacitados, hoy salieron a marchar, decididos a tomar plaza Murillo, pero les salió al encuentro un contingente policial con el carro Neptuno, dispersándolos, impidiendo se acerquen a palacio de gobierno. No obstante, su dirigente manifestó que no se rendirán. Oportunamente se ilumina el escenario, se ve al camarógrafo y junto a él un ayudante que, desesperadamente hace señas al locutor para que se calle y lea el siguiente comunicado. Se apaga la luz en el escenario y solo queda una luz dirigida al locutor, quien continúa:

La subgobernación de Cercado hace saber a la población de discapacitados, entre los que se incluye también a los no videntes,  que a partir del lunes 15 de septiembre y hasta el 30 se repartirá la canasta alimentaria de apoyo a este sector. Para recoger deben presentar su respectivo carnet de discapacidad, de no hacerlo no se procederá a la entrega. Se ruega tomar debida nota.

Se oscurece el escenario. Desaparece la caja. Aparece un cerco de policías, fuertemente armados, que impiden el acceso a varias personas discapacitadas, entre las que debe haber  en sillas de ruedas, con muletas, ciegos con bastón, lisiados sin brazos, otros arrastrándose por el suelo. Se ilumina el escenario.

Todos gritan: ¡BOONO, BOONO, BOONO!

Silencio. Un lisiado que se arrastra avanza hasta primer plano.

LISIADO.-  Déjennos pasar, solo queremos hablar con el presidente, solo queremos un bono de 500 bolivianos mensual para poder sobrevivir.

LOS POLICÍAS.- A coro gritan: No. No pueden pasar. El presidente está ocupado.

Se oscurece el escenario. Desaparecen todos. (Fragmento)

NARRATIVA DE LUISA SILES


LUISA FERNANDA SILES. Nació en La Paz. Su primera novela, “El diablo y la mujer que vuela” (1999, 2ª edición 2007) “aborda el alma de un ser original, seductor e iconoclasta, que en una época tempestuosa saturó con su descaro un ambiente provinciano y pechoño”. Con “El agorero de sal (Alfaguara 2006) ganó el VIII Premio Nacional de Novela, otorgado por el Viceministerio de Culturas de Bolivia, entre otras consideraciones del jurado, por ser una obra “contradictoriamente desgarradora y cargada de esperanza”. En la hora de Dios (alfaguara 2011), una aventura vertiginosa desarrollada en diferentes temporalidades y escenarios, es la tercera novela de la autora. “El desierto de Dalí” se adentra en los claroscuros que oscilan en delicado equilibrio en la conciencia y razón. Luisa Fernanda Siles radica en Santa Cruz y trabaja en su nueva novela.

EXTRACTO DEL EL AGORERO DE SAL

“Quién hubiera imaginado que en ese momento se acomodaban los hilos como en una filigrana para que un día los destinos tejidos por manos divinas se encuentren, se entrelacen y se cambie. Porque todo es así, relativo. Hasta el destino. Hasta el destino. Si hasta las cartas del Tarot lo dicen: los hados van cambiando. Una llamada de teléfono en el minuto preciso, el tomar el coche y no el autobús, elegir una calle y no otra, un semáforo, una mirada fugaz con el rabillo del ojo. Un instante define el futuro o el pasado, la vida o la muerte, el cielo o el infierno. Sin saberlo vivimos apostándole a esos segundos, ganando y perdiendo en esta ruleta que son nuestras vidas. Y si ese niño hermoso no hubiese nacido, nada que veremos después hubiese sucedido y esta historia no tendría razón de ser. Menos aún yo estuviese contándoles y clavándoles el suspenso a ustedes y ustedes buscando qué rato se arma la gorda en estas páginas. Pero continuemos, no se encuentran todos los días gentes que no se conocen, que por estar pasando momentos desesperados en sus existencias se aferren a las tragedias de los otros. Que uno para sanar ayude a morir al otro, que el otro para continuar con su existencia decida volver a nacer y que el tercero tenga que sanar para poder morir necesite a los dos anteriores para ello. Aunque sería mejor ir por partes, para no perder el hilo del relato”. (Fragmento).

POEMA DE JESSICA FREUDENTHAL


Jessica Freudenthal Ovando
Nació en Madrid, España,  el 6 de junio de 1978 de padres bolivianos, escritora boliviana dedicada a la poesía, el ensayo, la animación de la lectura y la enseñanza de la literatura. En poesía ha publicado hardware (Plural, 2004, Mención de Honor Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal”),  el mismo título se publicó en México en Santa Muerte Cartonera (2010), Poemas Ocultos (Yerba Mala Cartonera, 2006), Hardware segunda edición corregida y aumentada (Plural, 2009, primera edición 2004.  Demo (Catafixia 2009 y Plural 2010), El filo de las hojas (3600, 2015). Su obra puede encontrarse en antologías de Argentina, Alemania, Brasil, Chile, España, Estados Unidos, Inglaterra, México, Perú, Uruguay y Venezuela, entre otros.
En ensayo y trabajos de recopilación ha publicado Julio de la Vega: Obra Poética (Gente Común/UMSA, 2008), Cambio Climático: panorama de la joven poesía boliviana (Ediciones Patiño, junto a B. Chávez y J.C.R. Quiroga, 2009),  también ha publicado  artículos y traducciones en revistas impresas y digitales. Para niños y niñas editó la colección Patapata (Plural/Patiño 2007-2010) conformada por diez títulos de poesía boliviana. Ha colaborado con diversas revistas literarias nacionales e internacionales, y proyectos editoriales como la Yerba Mala Cartonera.
Es cofundadora del Colectivo LEE, junto a Claudia Vaca, a través del cual gestiona proyectos de fomento lector. Actualmente coordina prepara la Guía de análisis de textos poéticos para secundaria. En cine ha colaborado con varias producciones, como traductora, correctora de guion y asesora creativa. Dictó la cátedra Introducción al Guion en la Escuela de Cine ECA.
BOLIVIA ES UNA PALABRA INVENTADA
 
igual que todas las palabras
 
ahora juzgas este texto
-no es un poema-
piensas
-es un poema-
se contradicen tus palabras
decides que lugar darle a este texto
¿existe ese lugar?
 
este texto es una reescritura de algunos libros que leí
este texto es una reescritura de algunos libros que no leí
repetir cien veces la palabra errar sin h en el pizarrón
repetir cien veces la palabra herrar con h en el pizarrón
 
atar la mano izquierda para escribir con la derecha
 
las reglas sirven para dar golpes a las manos
los uniformes sirven para seducir a los maestros
las cruces sirven para besar el cuerpo de cristo
los cuadernos sirven para graficar el aburrimiento
 
yo no soy zurdo
pero me hubiese atado las manos para no escribir
 
este texto es local
este texto es universal
este texto es coyuntural
este texto es literal
este texto es atemporal
 
 
Nosotros
es la palabra
la más ambigua
la más llena
la vacía
Nosotros significa
nada preciso


todos
nosotros

 
creemos en la voz de la cita¿creemos?
¿Quiénes somos “todos nosotros”?
¿Quiénes somos nosotros?
¿tú y yo?
¿yo, tú, él?
¿ella, tú y yo?
¿ellos y yo?
¿yo y ellos?
¿ellas, ellos y yo?
¿tú, yo, ellos y ellas?
¿ustedes y yo?
 

POEMA DE ADRIANA LANZA


Adriana Lanza nació en La Paz el 2 de noviembre de 1978. Es licenciada de la Carrera de Arte mención Literatura de La Universidad Católica San Pablo, cursó la Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Mayor de San Andrés y la Maestría en Psicopedagogía en la Universidad de la Rioja. Trabaja en educación desde el año 2003. Es fundadora del Colectivo de artistas Escándalo en tu barca, con el que realiza desde el año 2013 eventos poéticos en La Paz. Fue organizadora junto al mismo colectivo, en el marco de la FIL 2018, del “Primer encuentro nacional de escritoras Escándalo en tu barca: Alumbrando los pasajes de la urbe”. Reseñas suyas sobre poesía boliviana han sido publicadas en el periódico Página Siete y en la revista 88 Grados. Ha escrito el libro de relatos Libro de armar (Grafic Preview, 2007) y los libros de poesía: Primer alumbramiento (Ofavim, 2003), Tiempo de sirenas (Gente Común, 2009), Poesía silvestre (Editorial 3600, 2013) y Plexo solar (Escándalo en tu barca, 2019).
De fondo oscuro
Me acerco al borde
de la palabra
impronunciable
retrocedo
ansiosa
extiendo el meñique,
tabuleo con el pulgar
muchas veces
para borrar el camino hacia a ti
lo vuelvo a taipear
no encuentro la horca
un ahogo se propaga
en toda la página
temblorosa
retorno a mi centro
auxilio
en pos de mí misma
y esta cuerda es mi aliento
desde el fondo del pozo
la sostengo y trepo
hacia la superficie
hacia aquí.

(DEL LIBRO PLEXO SOLAR, Editorial Escándalo en tu barca, 2019)

NARRATIVA DE FABIOLA MORALES

Fabiola Morales Franco. Nació en Cochabamba en 1978.  Es ingeniera Industrial por la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba, y  máster en Prevención de Riesgos Laborales por la Universidad Politécnica de Catalunya. En el 2001 realizó un postgrado en México, DF.

Realizó también estudios en Narrativa  en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonés, y el Master de Escritura Creativa en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, ciudad en la que reside desde el año 2005. Escribe esporádicamente crónicas para el periódico El Deber y revistas literarias como Literofilia.

Publicó sus primeros cuentos en la revista infantil El Chasqui del Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño, y años después, poco antes de emigrar de su país, ganó el primer concurso de relatos breves Casa Blanca, efectuado en su ciudad natal. Ha publicado el libro de cuentos La Región Prohibida (2012)  y  El día de todos tus Santos (2017), su primera novela. Ambos libros con la editorial cochabambina Nuevo Milenio.

ME HARÁS UNA CALACA

José Benavides.

—Vino a verme tres días antes de que yo marchara a París— le dije a Mariela ni bien subimos al autobús que nos sacaría del aeropuerto para dejarnos en la Gare Du Montparnasse. —¿Y?— preguntó ella. —Estaba ojeroso, parece que hace muchas noches que no duerme. Luego, me soltó la bomba. —Va a tener un hijo. —A pues, si ya lo sabes. —Sí, hay cosas que la gente no quiere o no puede callarse. Las noticias vuelan. ¿Sabes dentro de cuánto lo tendrá? —Dijo que en seis meses. Pero si ni siquiera conozco a tu novia y ahora vas a tener un bebé, le contesté. Y él apenas sí se inmutó. Estuvo mirando durante un rato las obras que yo tenía a medio terminar y que había dejado desperdigadas por el suelo para que secasen. —Entonces realmente no la conoces. —No, no la vi. A él tampoco lo veo tanto, solo cuando se pasa por casa a visitarme. Entonces charlamos y me cuenta cosas de su vida. Lo último que supe fue que había conocido a esa chica y que al mes ya vivían juntos. Como que desde que te fuiste todo se le aceleró. Ahora está preocupado, necesita dinero para lo del niño, para cuando nazca y todo eso.

—Oye, y a ella, ¿se lo ha dicho? Ya sabes, eso. —No, no le ha dicho nada. De eso chitón. —Pero algún día tendrá que decírselo ¿no? —No sé. Cómo le dices a alguien que lleva en su vientre a un hijo tuyo que te vas a morir.

Manuel Díaz.

Caminaba por Constitución cuando sentí la primera punzada, al principio pensé que alguien me había tirado una cachina o un perdigón a la cabeza, luego vinieron más punzadas, güey; tuve que agacharme y protegerme la nuca con las manos. Me di cuenta de que en un acto instintivo había cerrado los ojos, como cuando eres chico y crees que semejante acto te hace inmediatamente invisible; alguien me estaba disparando y a mí lo único que se me ocurría era una paja mental de esas. Cuando por fin abrí los ojos, imaginando quizá un ataque masivo, sí, güey, estaba hecho un escuincle total, supe que era solo yo; que el resto de la gente seguía caminando de lo más normal. Comenzaba a hacer el ridículo acuclillado en medio de la acera; así que me levanté y seguí caminando, o eso creí, porque nunca llegué a la esquina que cruza Constitución con Libertadores. Dicen por ahí que me desmayé como a media cuadra, nada más cruzar la puerta del Burger King.

Mariela Ocampo.

Dijo que era un lunar sin importancia, me mostró la marca roja y deforme que tenía en el pie y luego trató de quitarle leña al asunto. Sangraba. Me ofrecí a buscarle un médico. Estudiábamos filosofía y no teníamos ni un quinto, pero yo tenía algunos amigos que habían pasado por la facultad de medicina.

Podría preguntar, dije, pero Manuel se negó en redondo. Ni hablar, es un puto lunar y se curará solo. Él vivía en la colonia Tejerina y yo a las afueras de la ciudad. Podríamos habernos visto menos, pero en realidad pasábamos la mayor parte del día, y de la noche, juntos. Creo que pudo habérmelo dicho. Sé que le gusta hacer las cosas a su modo, sin embargo, no le costaba nada haberme contado que en realidad sí que fue a buscar un doctor y las implicaciones que esta visita tuvo. El caso es que no confió en mí. (Fragmento)

MARÍA SOLEDAD QUIROGA TRIGO

María Soledad Quiroga Trigo. Poeta y cuentista boliviana, Nació en Santiago de Chile en 1957. Hija del legendario líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, Cruz y de Cristina Trigo. Estudió sociología en México y literatura en La Paz. Licenciada en Sociología, con estudios en Literatura y en Historia del Arte.

Desde su elección por una poesía breve, que “apuesta por el perfil de las cosas”, la escritura de María Soledad Quiroga se aproxima a las preguntas más trascendentales que se ha hecho el ser humano. Publicó siete libros de poesía: Ciudad blanca, PAP, La Paz, 1993; Maquinaria mínima, Plural Editores, La Paz, 1995; Recuento del agua, Plural Editores, La Paz, 1995; Casa amarilla, Plural Editores, La Paz, 1998; Los muros del claustro, Plural Editores, La Paz, 2004; Trazo de caracol, Plural Editores, La Paz, 2011; A tu borde, Plural Editores, La Paz, 2015.

Como narradora publicó el libro de relatos Islas reunión, Plural Editores, La Paz, 2006.

Se recogieron poemas, relatos y otros textos literarios suyos en antologías de Bolivia, Chile, Colombia, México, Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania.

Cae la lluvia
toda la tarde
cae mi cuerpo
toda la vida
mi frío
cae rayando
y borra
y ya no es lluvia
ni río
arena
que lluevo                                            
y me deshago.
 
 
Era un castillo de tiempo
y no lo sabía
los huesos altos se desatan
se hacen arena
limadura
el viento recogerá pronto
el resto
me deslío y aún pregunto
¿es preciso demolerlo todo
arrancar lo que fue
saber que se edificó con polvo
sobre nada?
 
 
Es un acantilado
que se desmorona
ceden los muros su lentitud de arena
las vértebras se destraban
el pulso
se hace polvo
ardiente
en la conciencia
de fósforo
que se apaga.
 
 
Soy esto que se desgaja
en la tormenta inmóvil
caen mis pies
las palabras
se apartan
soy una cáscara vacía
llena de alguien
que no es yo
olvido
y ya no duele
lo que olvido
¿este vacío ya estaba?
¿soy yo este vacío?
¿hay alguien aquí
o es una brizna
la que dice esto
en el viento?
(del libro A tu borde, Plural Editores, 2015)

20. NARRATIVA DE AMALIA DECKER


AMALIA DECKER MARQUEZ
 
Nació en Cochabamba, Bolivia. Escritora y periodista de profesión. Fue conductora y directora de varios programas televisivos de corte político; coautora de estrategias de comunicación; columnista del periódico nacional, La Razón; columnista del periódico Opinión de Cochabamba; corresponsal del periódico La Opinión de Los Ángeles de Estados Unidos. Ejerció también la profesión en México, país al que llegó por los avatares de la política. 1982 fue diputada de la UDP, en el gobierno del Dr. Hernán Siles Suazo. 
Es autora de las novelas Carmela (2001), bajo el sello Alfaguara, cuyas tres ediciones fueron agotadas; Tardes de lluvia y chocolate (2006), Alfaguara; Tardes lluvia y chocolate es traducida y publicada al portugués (2008), bajo el sello Quid novi; Tardes de lluvia y chocolate, se publica en edición de bolsillo (2009) Quid Novi; Tardes de lluvia y chocolate se traduce y pública al italiano (2009), bajo el sello Cairo Editore; Yo, la reina de sus sueños (2009), Alfaguara. Es también coautora del libro Constructor de ideas (2013) publicado por Página Siete; y El Che, miradas personales (2017) Plural Editores. Es Coordinadora de la antología Escritoras Contemporáneas Bolivianas, 2019.

Intento fallido

Quiero que este instante de mi vida tenga un carácter inaugural. He dormido poco, como siempre, pero no por las razones que habitualmente suelen agobiarme sin o por la turbación que se siente al volver a empezar. Sé que debo derribar barreras, y una de las más importantes es superar el miedo. De hecho, es la primera vez que no siento el terror que cala los huesos y por eso me atrevo a confesar la parte más secreta de mi vida. Sé que el miedo va y viene, y lo tengo que enfrentar. No sé si el resultado sea el que busco, en todo caso es lo que yo decidí. No puedo seguir condenándome al abandono. En estos meses, días, horas, segundos, he podido sentir la eternidad del tiempo muerto. Y eso me aterra más que nada, desaprovechar la vida que nos fue regalada como un milagro: vivir sin vivir.

Voy a empezar por el hecho más macabro y sé que debo hacer fuerzas de flaqueza para rememorar ese episodio. Todavía hoy, a pesar del tiempo transcurrido, me parece estar despertando de una terrible pesadilla.

«Señora, no sé si me va a creer esto que le voy a decir. Le juro por mi santa madre que es la purísima verdad. No soy un asesino. Me movió el sentimiento —al principio solo pude ver los ojos de quien me hacía esa confesión. Eran de un café avellana intenso y parecían estar a punto de llorar—. Me sentí obligado por las circunstancias… No se imagina lo arrepentido que estoy de haber aceptado semejante trato, aunque poco importa eso ahora».

Yo no me había movido de la bañera, estaba aterrada y cubierta con la cortina de baño. Fue él quien me pasó la bata. Me llamaron la atención sus manos finas de largos y delgados dedos, bien podían ser las de una mujer.

«Es probable que por mi falta de decisión —dijo, haciendo un giro y dándome la espalda para brindarme la libertad de ponerme la bata— alguien a quien quiero mucho y yo mismo, seamos quienes más peligro corramos… —calló unos segundos y, ante mi silencio, siguió hablando y tronándose los dedos con desesperación—. Me convertí en su sombra. Le seguí los pasos día y noche. Confieso que no descubrí nada. Bueno, sí. Supe de su encierro. De su soledad. La primera vez que la vi salir de su apartamento parecía un ser etéreo: frágil y liviano». (Fragmento de la novela Yo la reina de sus sueños, 2009)

NARRATIVA DE ROSARIO QUIROGA


ROSARIO QUIROGA DE URQUIETA
 
Nació en  Cochabamba. Docente en las materias de Literatura y Lenguaje en la enseñanza media y superior. Realizó estudios de  posgrado en la  Universidad Complutense de Madrid, España con la tesis de grado Vicente  Alexandre y el surrealismo español. Presidenta de la Unión Nacional de poetas y escritores, Cochabamba en varias gestiones. Secretaria  General de la Sociedad de escritores de Bolivia, Vice Presidenta del Comité de literatura infantil y juvenil de Cochabamba, fundadora del PEN Bolivia.
Publicó los poemarios Del camino y su sombra (1990, editorial Colorgraf); Aquí la grieta (1998, editorial Colorgraf); La memoria del vientre (2007, editorial Colorgraf); Para ese miedo que crece con el alba (1987, editorial Colorgraf)  y Detrás de tus pisadas (1987, editorial Colorgraf) fueron premiados en  Buenos Aires, Argentina en el concurso Hermandad Poética Latinoamericana y América poética en pie. Los libros de cuentos Piel de durazno (2013, editorial Kipus); Cuerpos en claroscuro (2013, editorial Kipus); Greda y piedra (2014, editorial Kipus); En el pilar de la madreselva (2017, editorial Kipus); Desnudos en el silencio (2017, editorial Kipus). Ensayo: Entre la plenitud y el vacío (1995, Talleres gráficos Martínez).

La otra orilla

“Hay cosas que conocemos

Y cosas que no conocemos

Y entre ellas hay puertas”.

William Blake

-¡Adiós!- le dijo Marcela desde la región oscura, desde un sol con manchas. Ella, con los ojos nublados por las lágrimas sentía, creía que su muchacho iba con seguridad hacia el perdido vuelo blanco de los ojos tristes, hacia el espacio de la derrota sin fondo. Sin embargo, por alguna razón, estaba menos angustiada, casi resignada.

Para entonces, una lluvia persistente empapaba las calles.

Y, esta mujer de alrededor de 50 años – sin carmín en los labios, con el bolso lleno de amores disecados y en el oído la monótona sonajera de su infancia solitaria – ni se enteró de la lluvia.

Aquel mes de junio, en el que empezaba el invierno, Marcela quiso hablar. Él, su muchacho del alma, no la dejó. Quizá desde hace tiempo él ya tenía trazado su itinerario.

Aquel mes de junio de clausuró una puerta, se cerró la palabra, se instaló el vacío. Entre ellos el diálogo y la ternura se hicieron escurridizos. Después, todo empezó a cambiar, nunca supo cómo ni por qué.

Allí estaban, la madre y el hijo, los dos reflejados en la deformidad del espejo colgado en una pared sin fondo.

Después de la primavera se perdió la multicolor alegría del paisaje.

Marcela no pudo con él.

Piensa en mis recomendaciones. ¡Hazme saber de ti! Ella insistía como si siempre hubiese existido entre ellos un código de signos comprensibles.

¿Signos comprensibles? No. Nunca. Al principio fueron preguntas que no tuvieron la suerte de una respuesta. Después sólo monólogos que nacían de su pecho tierno e inconforme y morían en la otra orilla. (Fragmento)

DRAMA DE LAURA DERPIC


LAURA DERPIC BURGOS
 
Nació en Potosí, Bolivia en 1984. Es Magister en Creación Teatral, dramaturga, gestora cultural y abogada. Sus obras escritas en solitario: A un centímetro del suelo, Del polvo de las esquinas, Los Rubiecitos, Pichico (O lo que esperamos del fin del mundo), Mientras esperamos, Coca Cola con Gasolina. Sus obras escritas en conjunto incluyen: Una estructura diversificada (creación colectiva junto a MARTE), Sobre desaparecer y volver (coautoría junto a Luis Eduardo Yee), Dans L’impasse (creación colectiva junto a MARTE).
Obtuvo un Master en Creación de Teatro de la Universidad Carlos III de Madrid (España), realizó el curso de Dramaturgia en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), tiene un Diplomado en Gestión Cultural de Universidad Nuestra Señora de La Paz (Bolivia), un Diplomado en Gerencia del conflicto de la Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia), y una Licenciatura en Derecho en la Universidad Católica Boliviana San Pablo (Bolivia).
Su trabajo escénico fue producido y desarrollado por Women Playwrights International Conference en Santiago, Chile; Universidad Autónoma del Estado de México e Iberescena en México; Espacio Sísmico, Club Cultural Matienzo, Casa Sofía, Centro Cultural Recoleta y Teatro Xirgu Espacio UNTREF en Bueno Aires, Argentina; Universidad Carlos III de Madrid en España; Secretaría Municipal de Educación y Cultura Ciudadana de La Paz, Secretaría Municipal de Culturas de La Paz, Espacio Simón I. Patiño, Centro Cultural de España en La Paz, Teatro NUNA en La Paz, mARTadero en Cochabamba, Centro Cultural Plurinacional de Santa Cruz de la Sierra, y Centro Simón I. Patiño en Santa Cruz, Bolivia.

De polvo de las esquinas

Sinopsis

Si Dios estuviera en todo, tendríamos que encontrarlo también en el polvo que se acumula en los muebles y en los rincones de las casas.

Esta obra es el recorte de una historia llena de errores, agua y tierra seca. Es una posible historia de Jesús

Ficha artística

Actúan: Melina Marcow, Ana Capalbo, Laureano Lozano, Marian Pérez

Diseño y realización de escenografía: Esteban Siderakis

Diseño y realización de vestuario: Daniela Chihuailaf

Diseño de Iluminación: Rocío Caliri

Música y entrenamiento de cante Flamenco: Álvaro González

Diseño gráfico: Sonia Basch

Fotografías: Martina Estelí García

Asistente de dirección y producción: Rocio Pichirili

Dramaturgia y dirección: Laura Derpic Burgos

Esta obra se estrenó en agosto de 2018 en Espacio Sísmico, Ciudad Autónoma de Buenos Aire, Argentina. Cuenta con el apoyo de Proteatro, acompaña UOCRA Cultura.

Proyecto realizado en residencia con MARTE Matienzo Artes Escénicas.

Personajes

Jesús

María

José

Gabriel

CAPÍTULO PRIMERO. La anunciación

Un taller de carpintería, huele a pegamento y aserrín. En el centro, una mesa de trabajo. José talla un pedazo de madera. Alguien golpea la puerta insistentemente. José deja lo que está haciendo y abre.

José.

¿Qué pasa?

María.

He venido lo más rápido que he podido.

José.

¿Estás bien?

María.

Como no me abrías… ¿No ha venido nadie a buscarte?

José.

Hum… no…

María.

¡Pensé lo peor, pensé en todas las calamidades juntas!

José.

Estás un poco pálida.

María.

Estoy bien, voy a estar bien.

José.

A ver, tranquila. Siéntate y cuéntame qué te pasa.

María.

Hoy ha entrado un hombre en mi habitación por la ventana. Yo estaba sentada mirando cómo el sol empezaba a desaparecer y pensaba: qué hermosos colores los del sol antes de hundirse por completo en la tierra…

Por la ventana entra torpemente Gabriel y cae al suelo. Se pone presurosamente de pie y se limpia la ropa. María grita.

Gabriel.

(Cantando[1] y extendiendo la mano derecha sobre María)

Tiritrantrantrantran,

tiritrantrantrantran,

tiritrantrantrantran,

tiritrantrantrantran.

Hasta aquí es que yo he venido,

para darte a ti un mensaje

pues entre toditas,

todas Vas a engendrar su linaje.

María.

(A José) Yo, mirando toda la intensidad de esos colores. Yo, mirando cómo se mueve todo en el cielo. Yo… (A Gabriel) ¡Fuera de aquí!

Gabriel.

No pongas carita triste,

no, que penita que pena.

María.

¡He dicho fuera, fuera, fuera!

María se levanta de la mesa y amenaza a Gabriel con una silla. Él la esquiva, ella corre detrás de él con la silla en las manos.


[1] Todas las canciones de la obra, serán en ritmo de flamenco, en sus distintas variaciones. Esta primera es una Alegría por bulerías. (Fragmento)

CUENTO DE GIOVANNA RIVERO


GIOVANNA RIVERO SANTA CRUZ
 
Nació en Montero, Santa Cruz, Bolivia (1972). Ha publicado libros de cuentos y novelas entre los que destacan Contraluna (La hoguera 2005), Sangre dulce (La hoguera, 2006), Niñas y detectives (2009), Tukzon (2008), Para comerte mejor (2015, 2018), 98 segundos sin sombra (Caballo de Troya, Random House, El Cuervo). Recibió la beca Fulbright el año 2007. Junto a la escritora Magela Baudoin dirige la colección editorial Mantis, que publica exclusivamente la producción literaria de escritoras hispanoamericanas.
 
El año 2006 fue galardonada con el Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo por Dueños de la arena. En 2011 fue seleccionada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de Los 25 Secretos Literarios Mejor Guardados de América Latina. El año 2015 recibió el Premio Internacional de Cuento Cosecha Eñe. Su libro de cuentos para lectores jóvenes Lo más oscuro del bosque (La Hoguera, 2015) fue reconocido en 2017 por la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil como Libro Recomendado del Año.

Viaje a Broadway

Rojo, rojísimo ahí lo tienes, púrpura es más y qué. Pero te juro que esa línea pendeja no es el horizonte, resopla Maga, que a pesar de la deshidratación tiene aún la energía suficiente para contradecir mis arranques poéticos. Hace tres segundos, entornando los ojos, he dicho: “Qué horizonte más rojo, como la sangre de Túpac Amaru cuando lo partieron en cruz cuatro bestias del apocalipsis”. Maga me mira con lástima infinita, perdonándome el acceso de romanticismo, la inexplicable sed de venganza, lo descolocado de mi saudade. Es que no, mi entrañable, acá, lo que menos hay es horizonte, dice, ya más tranquila, en la misma onda reflexiva que quiero impostarle a mis palabritas. Lo que me irrita es el tonito, güey, ¿qué es eso de horizonte? Horizonte un carajo. Esa pinche línea se llama frontera. Y luego pide que no la nombre “Maga”, que se llama “Magaly Bucharan”, que el oído se acostumbra, sobre todo el suyo tan sensible a todo tipo de hipnopedia, y cuando ya del otro lado le pregunten por su nombre durante una entrevista trabajo, dirá Maga como si tal cosa. Entonces todo, todo en ese mismo instante se irá one way al mero infierno. “To hell”, enfatiza.

Nos hemos sentado aquí, bajo este cactus gigante, durante tres horas, esperando a Jack, nuestro coyote. No queremos prestarle atención a la oscura certeza de que nos ha abandonado. Pero, por otra parte, es lógico que así sea. En las grandes historias, las crónicas de viajes, las estoicas cruzadas en búsqueda de la libertad, uno siempre está solo. Nadie tiene un coyote. Vas, corres, huyes, aúllas. Por fin cruzas. Llegas a Texas y te instalas finalmente en Tukzon, donde te irás pudriendo en slow motion. Le sugiero que intentemos dormir y que aprovechemos la noche para caminar. Es lo que nos han instruido. Pero Maga tiene terror a los alacranes. Hasta ahora sólo hemos visto uno; no nos atrevimos a aplastarlo por una cuestión de instinto. Vida que respeta a la vida, esas cursilerías que nos hacen parecidas. Así que Maga se queda despierta, mirando el lunar rojo en que se ha convertido el sol, mientras yo intento dormir.

Pero no duermo.

Sueño.

Pienso.

Viajo.

Mi infancia es una mujer regando el jardín. Si me preguntaran eso, en una oficina de Migraciones, por ejemplo, diría: “Mi infancia es una mujer regando el jardín. Tiene várices en las piernas, pronunciadas, como serpientes escondidas llenas de sangre”, y así, me diluiría en una narración eterna, hasta soltarme las cuerdas vocales, o las ideas, o el jodido deseo de contar lo que no importa. Pero nos han instruido a responder con monosílabos. Si dicen “childhood”, no se refieren a la infancia, quieren saber tu raza. La primera pregunta que me hizo el coyote fue si yo era terrorista, ¿no se suponía que esa pregunta te la hacen al entrar? El coyote se rió, se ahogó riendo, se le habían acabado las ganas de reír pero decía que la burla era parte del entrenamiento. No, no soy terrorista, quiero ser escritora. Estuve pensando en esta respuesta durante días, los días que pasé en Ciudad de México. Me había venido de Bolivia pensando que ser escritora en cualquier otra parte del mundo tenía más coherencia, siempre y cuando entendamos por “coherencia” futuro; “futuro” en el sentido de éxito. “Éxito” en el sentido más vil, y así sucesivamente. Fue mi año del “no”. Me dijeron que “no” en la embajada, H también me había dicho que no, de algún modo yo me había dicho que no. Entonces, se me ocurrió México. Y allí conocí a Maga. (Fragmento)

DRAMA DE KATY VILA


KATHERINE BUSTILLOS VILA
 
Nació en La Paz en el año 1996. Es licenciada en Psicología y estudiante de Matemáticas. Escribe su primer texto “Melancolía” en el año 2014, el cual es montado bajo su dirección en 2015, y en 2017 es parte de la 3era Muestra Off Santa Cruz. Su segundo texto “Fragmentos de un recuerdo futuro”, en 2016, es uno de los tres ganadores del Concurso de Dramaturgia sub-30 de la Segunda Muestra OFF La Paz.
En el año 2017, consigue el Primer lugar del Concurso Adolfo Costa Du Rels con el texto “¿Por qué lloras? Los muertos no lloran” y es montado bajo su dirección. En 2018 es jurado de dicho concurso, además, la editorial Khimaira publica “Los gritos mudos del silencio”, una compilación de sus textos dramáticos. Asimismo, el Taller de Teatro de Pati García, pone en escena uno de sus textos “Pensarte cerca ¿Te hace estar cerca?” como parte de la muestra teatral “Salvavidas”.

¿Por qué lloras? Los muertos no lloran

Se estrenó el 24 de febrero de 2018 en el Teatro Municipal de Cámara con el siguiente reparto:

Silere/1728: Florencia Herbas

Ella/1412: Joan Rechberger

Supervisor/1530: Johan Rechberger

Dramaturgia y Dirección: Katherine Bustillos Vila

Producción: Mímesis Teatro

Música: Nebaí Ríos – Camila Torrico

Afiche: Claudia Gorena

A Noe J.

Katy se pone los audífonos. Pero no está escuchando nada. ¿O está escuchando la nada?

….

Katy/Silere: Es mejor crecer sola. Ser hija única. Morir sola. Así no ves a las personas que amas sufrir, morir.

Ella: Es mejor crecer sola. Ser hija única. Morir sola. Así no ves a las personas que amas sufrir, morir.

Pausa                                                                   

Silere: Pero la conocí. La conocí a ella.

….

Unmaniquíenpedazosesllevadopordoshombres

Elhombremujerenpedazosesllevadopordoshombresperoesoshombresnoexisten

….

Oficina

Silere/1728: Quisiera pedir un trabajo. Quisiera trabajar en las máquinas.

Supervisor: Ya no hay cupos. Vete.

Silere/1728: Tengo hambre. Haré lo que sea

Pausa

Supervisor: Desnúdate. Todo. Vamos. Silencio. Agáchate. Obedece mierda.

Ahora silencio, calladita, calladita.

La viola Silencio, silencio.

Bueno. Trabajarás aquí. Una vez que entras, no hay vuelta atrás. Tu nombre no me importa. No le importa a nadie. ¿Entiendes?

Se te dará un lugar para dormir, para comer. No me mires a los ojos. Eres mierda. Mierda con la que puedo hacer lo que se me antoje. Si quieres comer, debes hacer lo que yo te diga. ¿Entiendes?

Pausa

Responde MIERDA

1728:

Le tatúa el número en el brazo

1728

Supervisor: Tu cortecito de machito me molesta. Marimacho de mierda. Ven. VEN

Supervisor agarra de los pelos a 1728

Te lo haces crecer. ¿Entiendes?

Me gusta agarrar del cabello cuando cojo mierda. Cuando te crezca, vienes y te cojo. ¿Entiendes? Vienes y te cojo. Vienes, te agarro de los pelos y te cojo

Supervisor abre la puerta

Llévala a trabajar al crematorio

…. (Fragmento)

POEMA DE PATRICIA GUTIERREZ PAZ


Nació en Santa Cruz de la Sierra. Licenciada en Periodismo y Comunicación social por la PUCC Pontificia Universidade Católica de Campinas. Cursó Estructura y creación del guion cinematográfico en la Escuela de Letras de Madrid, España.Ejerce el lenguaje desde múltiples oficios; escritora, periodista,  guionista, columnista. Se especializó en construcción literaria de guiones y cinematografía, en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Fue guionista de la Serie Me muero de miedo, subvencionada por el European Script Found. En Madrid, guionizó la Serie televisiva Mucho cuento para TVE. Cursa la maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Salamanca.
 
Autora del  Libro de poesía visual Arte Palabra (2017), editado por el Museo de Arte Contemporáneo MAC, Santa Cruz Bolivia, con interpretaciones plásticas de la poética de Patricia Gutiérrez Paz de reconocidos artistas plásticos de Bolivia: Juan Bustillos, Roxana Hartmann, Maria Zanutti, Oscar Barbery y Carlos Paz.  Curadora: Nicole Vera Comboni. Publicó el libro de poesía Una palabra que no digo, presentado en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, 2014. Autora de A través del Cuerpo, 1989.
 

Mujeres en silla de palo

 Dos mujeres y el rumiar de cucharillas amanecidas en café turbio                                      
Primer sorbo, 
y casi  ochenta años por silla.                                 
Segundo sorbo, 
ya  no hay carmín rojo en sus labios, 
ni tetas espigadas como cuernos.   
Tercer sorbo. 
Ojos opacos, 
bocas gastas.                    
mentes atiborradas de minutos extraviados, 
insomnes, 
infames.  



Último sorbo. 
Esperan. 
Bailan. 
Arremangan huesos,
dolores y canas.   
Etéreas, danzan 
al son de un bolero que la memoria esconde.   



Vestidos incendian la avenida.  
Un silencio mortal calla al bolero. 
Solo queda el café turbio
e hilachas de una memoria en fuga. 
Hay un poema atrapado entre esas dos mujeres. Un poema que merece ser escrito- me digo, y empiezo. 

POEMA DE KORI BOLIVIA CARRASCO


KORI  BOLIVIA CARRASCO DORADO. Nació en la ciudad de La Paz. Tiene licenciatura y maestría en Letras y Literatura Brasileña por la Universidad de Brasilia. Es experta en la Enseñanza de Lengua Española para extranjeros por la Univ. Antonio de Nebrija, post graduada como Traductora de español-portugués y portugués-español por la Univ. Gama Filho y tiene maestría en Lengua y Cultura españolas por la Univ. de Salamanca. Ejerció el magisterio de ambas lenguas en varias instituciones brasileñas incluyendo la Univ. de Brasilia y el Instituto Rio Branco (Academia diplomática de Brasil). Es miembro fundadora de la Unión Boliviana de Escritores, de la Sociedad Boliviana de Escritores, del Sindicato de Escritores do Distrito Federal (Brasil), de la União Brasileira de Escritores, de la Associação Nacional de Escritores (Brasil – de la que fue presidente de 2013 a 2015, de la Academia de Letras do Brasil, sillón XXXVII.

En este espejo

Este rostro mudo,
mustio, herido,
ya no te pide amor.
Es un cuento
que trae el viento
de tragedias, muertes,
pretextos miserables,
del naufragio
humano
del corazón.
Este rostro callado
en su destierro,
es el espejo
en que no se mira
el tirano.
 (del libro Palavras livres, 2018)

DRAMA DE DOLLY PEÑA

Ofelia, la boliviana 2

Ahí sigue Ofelia, la boliviana

buscando mar, buscando agua

Yo soy Ofelia, la boliviana

Necesito consumar un suicidio.

Perdón ¿no tan alto?

Suicidio

Esa palabra no se dice en la obra

Sin mar no hay suicidio, sin agua no hay mito

Soy Ofelia, la penitente

Soy ofelia, la mendicante

Soy Ofelia, la vagabunda

Soy Ofelia, la boliviana

Vago por el mundo como alma en pena, vago en busca de mi mar

No, no de un río

Necesito un mar

Necesito consumar un… (gesticulando esa palabra)

Lo sé, esa palabra no se dice en la obra

Suicidio

TELÓN FINAL


DOLLY PEÑA PEDRAZA
 
 
Nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Estudió Arte Dramático en la Escuela Nacional de Teatro, y Literatura y Lengua españolas en la Universidad Gabriel René Moreno, así también cursó una maestría en el Consejo Superior de Investigación Científica en España, graduándose con su tesis “Del hiperdrama hacia el hiperrealismo”.
 
En el año 2010 fue seleccionada con su texto Frankestein en la vida de Mary Shelley para el proyecto de intercambio dramatúrgico boliviano-español Hojas Volantes. Dicho texto forma parte del compendio de dramaturgia boliviana contemporánea publicada por la editorial El Astillero de España. Su texto Julieta, poema posdramático, fue presentado el día Mundial de la Poesía en una lectura dramatizada en la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid. Dicho texto también fue seleccionado para el World Event Young Artists en Inglaterra, realizando también una lectura dramatizada en la Embajada de Bolivia en Londres.

NARRATIVA DE VERÓNICA ORMACHEA

Es columnista regular desde 1999 en varios diarios bolivianos. También escribe en los diarios digitales Mundiario de España y Sudamerica Hoy de España. Fue corresponsal internacional de la agencia UPI y de la revista Ercilla de Chile.

Escribió la novela Los Ingenuos (Alfaguara).Fue finalista y ganó la Mención de Honor del Premio Nacional de Novela en Bolivia. Se han publicado cuatro ediciones.
Autora de la novela Los infames (Gisbert).Fue publicado en Bolivia y España (Lord Byron). Se han publicado tres ediciones y está siendo traducido al inglés y francés.

Verónica Ormachea Gutiérrez.
Escritora y periodista boliviana. Nacida en EEUU 1956.
Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua correspondiente de la Real Española (RAE). Letra M. Se graduó en American University, Wash. D.C. Realizó estudios superiores en las universidades de San Simón, La Sorbona y Harvard (KSG).

Varsovia 1939

Sé lo que quiero… pero sé mejor lo que no quiero, y lo que ocurriría de seguir viviendo aquí en Varsovia, piensa Boris. ¿Cómo hacerle ver esto a papá? No hay que ser ningún genio para saber lo que se nos viene. Tengo que convencerlo para que abra los ojos… pero, cada vez que me acerco a hablar con él, cambia de tema o me dice que está ocupado. Me rehúye, porque muy bien sabe lo que quiero decirle. Lo terrible es que día que pasa se complica más el escenario político, y con ello, la seguridad de mi madre y mis hermanos. Y él, por su obcecación y negligencia se niega incluso a escuchar.

Siempre se ha creído dueño de la verdad. Su palabra es y ha sido la ley en la familia y lo grave es que mi madre acepta todo lo que dice y no influye un ápice en él. Y mis hermanos, menores que yo, poco pueden opinar, pues tampoco los dejan. ¿Podremos huir de esta fatalidad, si papá se niega a escucharme? Incluso tal vez hasta sea tarde, pero no hay peor gestión que la que no se hace. Luego, no podremos decir que nuestra suerte estaba echada, nosotros somos los responsables. No hay nada más peligroso que provocar al destino o dejarlo al azar, uno debe ser dueño de su futuro, al menos eso me dice el corazón. Muchos repiten “estaba escrito” y no hicieron nada. Eso es más que una frase hecha. No puedo permitir que llegue el momento y nos veamos obligados a afrontar lo inexorable. Incapaces de escapar de  circunstancias y momentos extremos, y que ya no podamos huir de la guerra.

Tengo miedo, tengo terror de lo que puede venir, y de la reacción de papá, que es tan seco y torpe. Pero ahora, lo conminaré a hablar conmigo. Cuando llegue, lo llevaré al escritorio y hablaremos cara a cara. El doctor Kominsky abre la puerta con su propia llave e ingresa al cómodo y amplio departamento ubicado en el último piso de un edificio de tres plantas, con dos pisos cada uno, en el centro de Varsovia. La cierra y su hijo se le pone en frente, su actitud intimida al padre que no sonríe, lo cual no sorprende porque nunca lo hace. Se saludan y éste le pide que entren al escritorio a conversar, no le queda otra alternativa y Boris cierra la puerta.

Nadie se entera que el dueño de casa ha llegado. El doctor pone su maletín de médico sobre su escritorio y ambos toman asiento en la ófrica pero impecable habitación. 

                  –Yo me voy, adonde sea, pero me voy de Polonia –le dice Boris a su padre con las manos y la frente mojadas por la transpiración que trata de disimular–.  Pero padre… ¿No acepta usted que los judíos somos considerados los deicidas, los asesinos de Jesús? Y lo peor es que está incrustado en el consciente y el inconsciente colectivo de la humanidad desde siempre… Hitler nos odia al extremo de estar obsesionado contra nosotros y… ¿por qué cree que los nazis no se desharían de nosotros, los judíos polacos, como lo están haciendo con los judíos alemanes?

(Fragmento de la novela Los Infames).   

                             

Rosario Barahona. Coequiper, autora del prólogo de la Antología, 2019
Amalia Decker, Coordinadora de la Antología, 2019, junto a M. Batista R.

Rossemarie Caballero

—Compiladora, gestora Proyecto Ec-B—

Cristina Botelho. Poeta y narradora.
Radica en EEUU y participa de la Antología.
Libros editados: Poemas en Vigilia (poesía), El duende y el colibrí (prosa poética), La última estación (cuentos), Memoria de las mariposas (cuentos), El absurdo y su complicidad (cuentos y microcuentos), Agonía de los espejos (poesía) 2º. Lugar del Premio Nacional de Poesía “Franz Tamayo 2018”. Su obra figura en antologías de Bolivia, Perú, Uruguay, Colombia, Chile, Estados Unidos, Argentina e Italia.

Escritoras Contemporáneas Bolivianas

Antología poesía, narrativa y drama, Ed. Kipus, 2019

POEMAS DE CRISTINA BOTELHO

Agonía de los espejos –Autora María Cristina Botelho Mauri (seudónimo Macaria)
Poemario ganador del 2º. Lugar del Premio de Poesía “Franz Tamayo 2018” .
Editorial 3600 – La Paz, Bolivia (2018)
Tan lejos y tan cerca

Unos ojos ausentes
Detrás de un candil
De color amarillo
Parpadeaban como el cirio
Encendido después de una muerte.
Eran los ojos de la espera
Eran los ojos despiertos
Eran tus ojos y los míos.
Iba una nube de recuerdos
Como un fantasma
En el humo de la vela.
Aquellos ojos reflejaban ríos
Inundaban los mares
Con una lluvia de besos
Recostados en la arena.
Aquellos ojos eran cuatro espejos.
En los dos espejos primeros
Estaba yo lavando mis heridas
En una fuente de barro.
En los dos espejos segundos
Estabas tú
Apostado en un balcón
Contemplando la luna.
¿Sentíamos los dos
La misma pena?
¿Pensábamos los dos
La irremediable lejanía?
Los espejos se quebraron
Cada uno
Siguió su camino.

Gemelas en el espejo

¿Qué tiene la muerte que nos inquieta?
La muerte es la consecuencia de vivir,
Vivir es anticiparse a morir.
La vida y la muerte el mismo sendero.
Son como dos gemelas,
La una es alegre
Llena de luz,
Camina firme y se divierte,
La otra taciturna,
Aburrida y pesimista,
Las hermanas no pueden verse,
Salvo cuando se encuentran frente al espejo.
La una sonríe como un arcoíris
Y se perfuma
Y hace muecas de contento.
La otra es una mancha oscura sin rostro,
La vida es clara y transparente,
La muerte es tiniebla y misterio,
Por eso le tememos,
Por eso no aceptamos su visita,
La última visita de la muerte
Se llevó a mi mejor amigo.
Cuando aparece un pájaro negro
Posado en el barandal de mi ventana
Seguro la parca se presenta.
Llegado el momento
Las gemelas caminarán juntas
Aunque nunca se hayan querido,
Se tomarán de la mano.
La muerte es una fiesta
Danza de parcas. Al son de una rumba
Bailan esqueletos vestidos de fiesta.
La danza macabra, celebra
La vida, de los que se fueron.
En los cementerios de pueblo Sonámbulo,
La marcha triunfal se aproxima,
Funerales de incienso y candelas,
Funerales alegres de alcohol y desvelo.
Danza de gente vestida de tiniebla,
Coreografía de Dante y sus escalones.
Sueño de Virgilio, versos de comedia,
Divina y eterna.
La vida y la muerte, son la misma fiesta.
Tristes en la bruma, rostros de amargura,
Sombreros con alas, como alas de cuervos,
El funeral de Don Sixto es una fiesta,
Fiesta de sombras, fiesta de vida, fiesta de noche,
Infinita noche de todos los siglos.
¡Existir es bastante, y eso es una fiesta!

NARRATIVA DE GABY VALLEJO CANEDO

Nació en Cochabamba –Bolivia, en 1941. Es Profesora de Literatura y Lenguaje. Normal Católica – Cochabamba – Bolivia y Licenciada en Ciencias de la Educación. U. M. de San Simón. Cochabamba -Bolivia. Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua. Postgrado en Literaturas Hispanoamericanas, Caro y Cuervo- Bogotá- Colombia. Pasantía en Literatura Infantil- Internationale Judengbibliotek-  Munich-Alemania. Autora de   novelas,   libros de cuentos,  ensayos y más de 15 libros de relatos para niños.

Su novela  Hijo de Opa, premio Nacional de Novela Erick Guttentag , fue llevada al cine con el nombre  de “Los Hermanos Cartagena”.  Presidenta por varias gestiones de la Unión Nacional de Poetas y Escritores- Bolivia. Presidenta por varias gestiones del  P.E.N.  o  la Asociación Mundial de Escritores –  Filial Bolivia.

La escritora boliviana Gaby Vallejo Canedo
recibió la Bandera de Oro, Senado de la República de Bolivia, 2007; Premio ILCH Asunción Paraguay del Instituto Literario y Cultural Hispanoamericano, 2011; Premio de Reconocimiento de la Cámara del Libro de Santa Cruz 2017; y fue declarada Embajadora Universal de la Cultura por la Unión de Escritores de Tarija, Unión de Escritores de Latinoamérica y la UNESCO.


Ruta Obligada

Marcela releía el mensaje. Nadie lo firmaba. “Tengo algo que decirte. Sobre ti, sobre mí. Lo que parece y no es. Te besa….”. Lo habían deslizado por el resquicio de la puerta. Se quedó perpleja. No tenía ni la menor idea de qué era aquello. Se encogió de hombros, pero después de un momento, releyó el texto. Las  interrogantes empezaron a rondarle. ¿Quién era? ¿Qué tenía que decirle? ¿Qué significaba? “Lo que parece y no es”? No tuvo respuesta a sus preguntas. Tomó el cepillo de pelo. Se miró en el espejo
 – Veintiocho años,  linda pero sola – se dijo. Y empezó a cepillarse la cabellera siempre alborotada, encantada de sí misma, como si las dos últimas palabras del mensaje le estuvieran quemando el cuello, la mejilla, la boca. Estremecida. – Tal vez… tal vez…- se dijo.
“¿Conoces qué se siente cuando una mano temblorosa acaricia los lugares del cuerpo donde sólo han llegados las telas de las ropas?  Los  mejores momentos siempre vienen de lo inesperado, de lo que parece  imposible. Yo habito en esa dimensión, en la extraño, en lo inesperado, pero existo y te busco”.
Aquel segundo mensaje reveló a Marcela que un deseo sexual profundo impulsaba a alguien a escribir de esa manera. Alguien que se mantenía en la oscuridad, como si temiera exponerse. Sin embargo, alguien que necesitaba, tocar la piel de una mujer.
El tercer mensaje llegó después de un largo silencio de días. Como los otros, apareció detrás del resquicio de la puerta. Alguien muy cercano tenía ganas de jugar con ella. Alguien que podía transitar por la casa sin problema, en la alta noche, para  introducir un nuevo mensaje sin ser visto. Marcela intuía que también era una extraña demanda de comunicación. Ya había recorrido su indagación mentalmente por todos los hombres que vivían en la casa y ninguno pudo haber escrito esos mensajes. O eran muy viejos, muy serios, muy niños, muy ordinarios, para haber escrito tremendas provocaciones.
Marcela archivó el tercer mensaje junto con los otros debajo del tapete de su peinador. Con la caja de aretes encima no se percibía que estaba escondido algo tan extraño y misterioso.  Además, sólo  su madre ingresaba a su cuarto cuando venía de Tarata a visitarla.
“La historia no es la  historia, siempre hay otra historia detrás de la historia.
Búscala”.
            Una escueta nota. Nada de sensualidad. A Marcela le parecía un caso clínico como decía la docente de psicología …Tal vez sería interesante conversar con ella.
Parecía que el escritor de los mensajes consiguió un cómplice dentro la casa. De repente, con sólo mirar a los ojos, fijamente, uno a uno, podría tener una pista.
El siguiente mensaje, en papel copia, reiteraba, de otro modo, la misma idea de alguien  que buscaba amor, apoyado en la poesía, en la filosofía, en el misterio. “Las cosas no son lo que son y las personas tampoco, hay algo verdadero escondido. Quiero que lo encuentres. Te entrego mis palabras para que mientras tanto, te den las caricias que quieres”.
Aquellos enigmas en las frases, la forma y hora misteriosa en que se introducían los mensajes, la persona que la había elegido para intrigarla o jugar con ella, el ambiguo propósito, el anonimato, la persistencia, el  inmenso deseo de piel, se volvían en Marcela en preguntas, desconcierto, ansiedad. Con la seguridad de quien guarda las pruebas de un delito, levantó el tapete y escondió el  mensaje.
(Fragmento de la novela “RUTA OBLIGADA” Plural Editores, La Paz, 2008).

NARRATIVA DE ELIANA SOZA MARTINEZ

Eliana Soza Martínez Nació en Potosí, Bolivia. Es Licenciada en Comunicación. Su obra aparece en Antología Iberoamericana de Microcuento (2017), Editorial “Soy libre”. Junto a Ramiro Jordán libro de microficción y poesía Encuentros/Desencuentros (2019). Antologías: Cuentos Fuera de Serie (2019); Escritoras contemporáneas bolivianas (2019). Sus cuentos fueron publicados en España, México y otros.
José Luis Madera

Lo veíamos correr con dos pistolas de juguete creyendo que estaba en medio de una guerra encarnizada; incluso se había puesto un apodo bélico: José Luis Madera; que tenía que ver con su dulce obsesión por los piratas. Tal vez escuchó un nombre parecido en los dibujos animados que veía en la televisión o en las historias que leía, en las revistas que le compraba nuestro abuelo Goyo.
Todos los días nos sorprendía con historias sobre su paso por la guerra del Chaco, por ejemplo la de cómo salvó, con tan solo sus manos, a uno de sus compañeros que fue mordido por una Yarará venenosa; lo que más causaba admiración eran sus descripciones tan detalladas y verosímiles, primero de la serpiente, explicando que medía más o menos un metro y medio, que era de color negro con rayas amarillas, además que tenía dibujados en todo su escamoso cuerpo rombos, triángulos u otras figuras también ambarinas. De la misma forma detallaba la incisión y la herida que hicieron los colmillos venenosos de la Yarará, su intento de chupar el veneno sin tragarlo, tal como lo habíamos visto en un programa de la televisión y, luego, el torniquete por encima de la herida que hizo hábilmente, por si no hubiera sacado todo el veneno con su pequeña boca; finalmente la travesía en medio de la selva tupida, el peso de su amigo en sus espaldas, la falta de agua y esperanza, la obscuridad persiguiendo sus pasos, llenando todo de un sopor negro y espeso; pero su preocupación por llevar a su joven compañero hasta un doctor, hacía que olvide todo.
El nacimiento de José Luis Madera coincidió con el viaje, que nos pareció eterno, de papá Goyo; todos en la casa comentamos que debió ser por causa de aquella ausencia que Josecito se inventaba todas esas historias; él y mi abuelo eran muy unidos y verlo partir le afectó demasiado.
Cada día era una aventura nueva para este personaje heroico que iba construyendo, con su imaginación, mi hermanito. Yo siempre creí que lo hacía con base a todo lo que le contó mi abuelo, pero después él me aclararía que no le contó todo a su nieto. Papá Goyo sí fue a la guerra del Chaco junto a sus compañeros, unos adolescentes, igual a él sin nada de experiencia, que sufrieron hambre, teniendo que comer animales que nunca antes vieron en su vida; sed, ya que no tenían de dónde conseguir agua potable y tomaban el líquido obscuro que obtenían de charcos llenos de tierra usando solo sus pañuelos para destilarla. Después de todo lo que pasó él nos contaría que lo que más les afectó fue el encuentro con aquella calurosa selva tan diferente a sus lugares de nacimiento. Él nació en Potosí, una ciudad fría, a una altura de casi 4000 metros sobre el nivel del mar, de clima y ambiente contrario al chaco boliviano donde lo enviaron cuando se enroló en el ejército, debido a la obligatoriedad que el gobierno de aquella época impuso a todos los jóvenes a partir de los dieciséis años, teniendo que servir a su patria antes siquiera de haber terminado el colegio y con la incertidumbre guardada en una mochila que no tenía más que eso, ni medicinas, ni comida y mucho menos agua para sobrevivir.
Todos los días conocíamos las aventuras del valeroso José Luis Madera y cómo luchaba con los enemigos, derrotando a cada uno con fusiles y armas caseras como
una honda hecha de un trozo de madera en forma de y, con unas ligas gruesas a ambos lados y un pedazo de cuero para agarrar las piedras, su característica era, según él, desmayar al adversario. Como aquel día de sol asfixiante, en plena selva, José Luis Madera y sus compañeros estaban cazando pájaros carpinteros para tener algo que comer, pero escucharon acercarse al enemigo, entonces no tuvieron más remedio que atacar con sus hondas logrando dañar a algunos y hacer correr a los demás.
Yo me le quedaba viendo como quien ve una película, mi hermano siempre tuvo un magnífico vocabulario pero al contar sus historias parecía un verdadero ex combatiente contando sus experiencias en el frente, veía tanto de mi abuelo en él que escucharlo me ayudaba a superar la nostalgia por la única figura paterna que tuvimos en nuestra vida.
Pasaron varios días, papá Goyo no volvía y lo de José Luis Madera ya no le parecía gracioso a nadie, más en el momento que el personaje, en una de las emboscadas del enemigo, a media noche, fue herido, además debido al calor y la falta de medicamentos una infección se apoderó de su delgado y hambriento cuerpo; por lo que, según mi hermanito, estaba agonizando.
Ingenuamente creímos que con la muerte de Madera, Josecito volvería a la normalidad para seguir jugando con sus juguetes. Pero no fue así, y eso que parecía una inocente travesura se convirtió en una horrorosa pesadilla cuando los cuarenta grados consumieron al más pequeñito de la casa en unas horas, sin dar tiempo de hacer algo a nadie. Después de una hora Josecito y José Luis Madera dejaron de respirar, nadie lo podía creer, no parecía real; mi madre le gritaba que despertara,
que dejara de jugar; yo solo podía mirar con mis ojos más abiertos que nunca que se inundaban de lágrimas sin poder controlarlos, quitándome la voz y el aliento.
El día del entierro llegó mi abuelo, desconsolado acompañó a su nieto hasta su último aposento, sin cambiarse siquiera de ropa ni descansar un solo minuto de su largo viaje. Dejarlo en el cementerio fue lo más duro de todo, y cada día ir encontrando en toda la casa sus juguetes olvidados, eran duros golpes a nuestro ánimo.
Luego de varios días, que parecieron grises desde que amanecía hasta que nos íbamos a la cama, papá Goyo nos contaría que tardó tanto en volver porque la identificación de los restos de uno de sus compañeros de la guerra del Chaco, el amigo entrañable que salvó su vida varias veces, no resultó tan sencilla puesto que debían clasificar osamentas de más de cinco soldados que fueron encontrados en una misma fosa común, por lo que tuvieron que solicitar ayuda a médicos forenses y otros especialistas en ADN para determinar de quién era cada cadáver. Pero que regresó satisfecho, ahora por fin su amigo estaba enterrado como Dios manda, así de alguna forma podía demostrarle su agradecimiento y cariño al que siempre llevaría en su recuerdo, a José Luis, el Madera, como todos le decían de cariño.
 




POEMA DE RUTH ANA LOPEZ CALDERÓN
Ruth Ana López Calderón, nacida en Sucre, Bolivia.
De profesión secretaria ejecutiva. Poeta de formación autodidacta.
Libros publicados: DESDE LAS PROFUNDIDADES (2013) Black Diamond Editions (EEUU), SIN ÓBOLOS PARA CARONTE (2014) Editorial El País (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia), ITINERARIO DE UNA METAMORFOSIS (2016) MediaIsla Editores (EEUU). https://rosemariecaballero.com/2020/05/11/poema-de-ruth-ana-lopez-calderon/
Verónica Ormachea, Amalia Decker, Isabel Mercado y Rossemarie Caballero durante la presentación de la Antología en la FIL LA PAZ, 2019

POEMA DE PAOLA DUCHÉN

PAOLA DUCHÉN nació en Sucre, Bolivia. Vive en Madrid desde 1981. Es Psicoanalista y Psicóloga Clínica. Poeta boliviana.
BARRIOS DE SOLES TURBIOS Y LUNAS OXIDADAS
 Paola Duchén

Una larga hilera de hambrientos corazones
baja por la pendiente sin esquinas de la vida,
hombres de cráneos agujereados,
piratas, parias y buscavidas.
El alquiler y la tarde taciturna.
Una taza de té y una cucharadita de azúcar,
-solo una, por favor -.

Cualquier café en una esquina cualquiera
de una urbe europea.
Una señorita de labios rojos e imposibles tacones
con el sombrero azul y las medias a tono,
elegante en los suburbios europeos.
Son los caminantes de la Tierra
los famélicos hambrientos del Universo
abanderados de la nada
los huesos que roen algún misterio.

Sinfonía azul de este poema.

(Título de un verso de Raúl González Tuñón)

Lanzamiento de la antología, 2019 —

Pintura de la portada

—Collage sobre postales de Roxana Hartaman—

— Logo de la página por Gutiérrez & Nallar—

—Luz María Achá Toro —

— Adriana Lanza

Camila Urioste nació en La Paz. Novelista, guionista, poeta boliviana.
Es licenciada en Comunicación Social. Su primer libro de poesía, titulado Diario de Alicia (Plural, 2006), fue ganador del Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal”. Entre 2009 y 2007 escribió y llevó a escena las obras de teatro El Pacto, El Cuerpo, El Crimen, Vértigo y Mala Madre y Continentario, que participaron en festivales de teatro nacionales e internacionales, dentro y fuera del país.
Su segundo libro de poesía, Caracol, fue publicado en agosto de 2014 por Plural Editores.Ganó el XIII Premio Nacional de Novela por el libro Soundtrack, (Editorial 3600, 2017).Es co-escritora de la miniserie La Entrega, una producción de 10 episodios que se encuentra en etapa de comercialización, dirigida por Gory Patiño. También es guionista de la película Muralla, dirigida por Gory Patiño, estrenada el 2018 en La Paz.

6. NARRATIVA DE CAMILA URIOSTE

INCERTIDUMBRE, PRINCIPIO DE   

El principio de incertidumbre de Heisenberg declara que no podemos conocer la posición precisa de una partícula ni predecir su movimiento con exactitud porque, al observarla, cambiamos su comportamiento de manera impredecible.

Es así: imagina que hay una partícula moviéndose en una habitación oscura. Queremos ver la partícula, así que prendemos una linterna. Pero la partícula es tan pequeña que la luz de la linterna la golpea y cambia su velocidad y la dirección de su movimiento. Es por eso que los electrones se los dibuja en una nube de probabilidad, porque no podemos saber exactamente donde están sino donde podrían estar en cualquier momento dado.

La luz siempre hace eso; mueve.  

Si pudiéramos conocer las cosas en la oscuridad, sería distinto. Pero no podemos. Precisamos de la luz, una luz que enturbia al mismo tiempo que ilumina. La luz es la palabra. Nosotros somos la partícula. La palabra cambia el curso. Al nombrarnos así, las palabras nos golpean.

¿A dónde vamos? ¿Quién puede predecir nuestro curso, el arco, la nueva velocidad de nuestro movimiento, nuestro fin? Nadie. Por ende, podríamos representar nuestra amistad como una nube de probabilidad, en la que tú y yo estamos al mismo tiempo en tu auto unidos como un solo átomo, y/o en una pista de baile inmersos en desenfrenada danza de cortejo y/o en puntos opuestos del cosmos, separados por un agujero negro en cualquier momento dado. 

  • Fragmento de Soundtrack; glosario de términos relacionados

Página 92.

Camila Urioste, Editorial 3600 (La Paz, 2017)

POEMA DE ADA ZAPATA

Ada Zapata Arriarán nació en Cochabamba, poeta boliviana.
Escritora y periodista cultural, licenciada en Literatura. Ha publicado el poemario “Fragmentos en el Aire” en Ed. Gente Común. Relatos y poemas en las compilaciones “Algo por el Estilo” (Marcelo Villena, Universidad Mayor de San Andrés), “Memoria de lo que vendrá”, (Juan González, Nuevo Milenio), “Más de cien escritores bolivianos” (Roberto Agreda Maldonado, Ed. Kipus), “Antología Festival Internacional de Poesía  José María Heredia Toluca 2017”, “Antología XXll Enero en la Palabra” (Festival de poesía del Sur Andino),“Antología latinoamericana Pachamar” (Cesar Hidalgo Vera e Isabel Guerrero)  “Escritoras Cochabambinas”(Rossemarie Caballero, Homero Carvalho y Gaby Vallejo, Ed. Kipus), Poetas Allende los Mares (Trad. Josep Lleixà Fernández),entre otros. “Escritoras Contemporáneas Bolivianas” (Rossemarie Caballero, et al., Ed. Kipus). Como crítica de cine, ha publicado junto a Marcelo Reyes el libro “Apuntes de Cine” Ed. 3600. Desde 2002 hasta la fecha es editora de la revista digital de arte y cultura, Palabras Más, de la que es cofundadora. .
<(Ada Zapata)
Los que no despertaron
nos han escrito
Desde muy lejos
 
Desde sus casas cerradas
 
Entregadosal silencio
de sus párpados
 
Silabearon
nuestros nombres
 
En mesas
que volabanpor los aires
y manos de otras manos levitando al tiempo
 
Abandonados en el campo
Soñaron con nosotros
 
Ellosson espejos
que atardecen
en la tierra
 
A veces
Plantas oscuras de la lluvia
Espaldas
que esconden
 El sueño de otros cuerpos
Cristales abandonados de luces
 
Resplandecientesdesilencio
Transparentes de olvido tocan la piel del mundo
 
Nosotros
Sin poder dormir
 
En el mar del aire
Sin el abrigo de la sombra
Soplo de polvo
en el horizontedel tacto
 
Nosotros
Ventanas desnudas
de amanecer
Nos acurrucamosen elincendio
de nuestro cuerpo
 
Su llegada
es una ausencia
repentina
 
Nacen
con el llanto
incontenible
de la soledad
 
Ellos se acordaron de nosotros

POEMA DE ALEJANDRA BARBERY

Alejandra Barbery nació en Santa Cruz. Poeta, pintora boliviana.
Estudió Derecho. Ejerció el periodismo para el suplemento Espectáculos (Culturales) del diario El Nuevo Día, Policiales (Seguridad) para el diario La Razón, Policiales (Seguridad) para el diario El Deber. Obtuvo el 1er. Premio en el concurso de lírica – UPSA, en 1994. Activista cultural, integrante del grupo Caraspas editores de una revista del mismo nombre. Grupo Arte, editores del fanzine Seres (1993 – 1995). Exposición de poesías, museo histórico, 1995. Miembro de la organización de CINE CIEN (versión I y II), ciclos de proyecciones de filmes realizados en 1994 y 1995. Exposición de poesía Expoética, 1996. Lectura de poesía en el Museo de Arte Contemporáneo, diciembre 2010.
Publicó 3 al hilo: Poemario. Coautoría: Alfredo Rodríguez, Alejandra Barbery, Oscar Gutiérrez., y Ànima,
Happy and real ansiedad
Alejandra Barbery

Fugaz delirio el pensamiento.
Volar sobrevolar volar.
CON ESTA MANÍA DE SER AVE.
Volar sobrevolar,
volar la noche.
La fantasía de la niñez.
La nostalgia de dormir el sueño.
La curiosidad de amar.
Es también soledad lo que aún no llega.
Volar sobrevolar volar.
CON ESTA MANÍA DE SER AVE.
Y desaparecer…
¡Volverse sombra!
Volar sobrevolar volar LA NOCHE
Urge abrir el alma.
Dejar salir el dolor.
Buscar la casa,
los domingos huérfanos.
Te oí nombrar por el viento.
Ya entonces presentía tu llegada.
ES UNA CÁBALA,
DE AMOR
DE DUDA.
ETERNA COMPAÑÍA.
DOMINGO ROJO,
COMO EL ALMA DE UN CUERPO
hecho a la ligera.
Cópula de aire y fuego.
Libertad liberta.
El encuentro es la ofrenda de los tiempos.
El conjuro de una bruja,
ansiosa y curiosa.
Hay una voz que suspira,
grita un nombre.
Anticipado,
como un domingo STAR.
De hombres inmersos
en el sueño perfecto.
Ilusión que no se ve.

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NARRATIVA DE CARMEN BEATRIZ RUIZ


CARMEN BEATRIZ RUIZ PARADA
Nació en Santa Cruz de la Sierra el 26 de enero de 1956. Sus raíces maternas vienen de Portachuelo y las paternas de la Chiquitania. Es la novena de diez hermanos, una tribu entrañable a la que debe en gran parte su espíritu gregario, el gozo de la vida y su rebeldía. Se desempeña como comunicadora social, lectora contumaz, antropóloga diletante y narradora tardía. Estudió Comunicación social en la Universidad Católica Boliviana, en La Paz y Ciencias sociales con mención en antropología en la Universidad de la Cordillera, también en La Paz. A esta ciudad le debe el compañero de su vida, un hijo, una hija y el amor por las montañas. En estas alturas ha vivido la mayor parte de su vida sin perder el contacto físico y emocional con Santa Cruz.
Tiene experiencia de trabajo en comunicación y gestión institucional en el área de los derechos humanos y el desarrollo, principalmente en derechos de las mujeres y de pueblos campesinos indígenas. Ha trabajado en el Estado (Subsecretaria de Asuntos de Género (1994 -19987) y la primera gestión de la Defensoría del Pueblo de Bolivia (1997 – 2004) y en Organizaciones no Gubernamentales en áreas de derechos humanos, de las mujeres y de pueblos indígenas.
Publicaciones relacionadas con la narrativa: Crecer con el siglo (Historia de vida de Rómulo Ruiz Faria), Plural editores y Coordinadora de la Mujer, La Paz, 2006; Espejos en la memoria (cuentos), Editorial Gente Común, La Paz, 2010; Fronteras desbordadas (cuentos), Editorial 3600, La Paz, 2013; La loba (cuento), finalista en el Concurso Nacional de cuentos Franz Tamayo XLII, publicado en Pollo asado con naranjas. Alcaldía de La Paz y Editorial 3600, La Paz, 2016.
Tiene publicados varios textos en áreas de desarrollo, derechos humanos, y otros como Un curioso incorregible (Historia de vida del antropólogo Xavier Albó, en coautoría con éste), Centro de Investigación y Promoción del Campesinado y Fundación Xavier Albó, La Paz, 2017; y Hermanas en la cocina (Recetas y relatos de familia), Editorial 3600, La Paz, 2018. Actualmente vive en Cochabamba, Bolivia.

Ágata

Al medio día, justo cuando el rayo de sol más brillante rodaba sobre la pulida madera del piso, ella comenzó su ritual de limpieza. El primer movimiento, perezoso y lento, fue para encontrar el ángulo perfecto que le permitiera mantener el calor sin desaprovechar el soplo fresco de la sombra vecina. Se arqueó con la gracia de quien parece no tener huesos e inició el ritual de acicalamiento. Primero fue el turno del pelo, que en mechas amarillas y cobrizas finge jaspes atigrados, como felinos y amarillos son también los ojos rasgados, casi cerrados en una sola y gruesa línea oblicua, de mirar sospechoso. Luego fue el turno de las uñas, largas, curvas y de nácar traslúcido, que fueron repasadas minuciosamente. Casi al terminar la tarea obsesiva Ágata sintió, aún sin mirar, que el sol empezaba a retirarse. Entonces, con displicencia, se levantó y se estiró probando la fuerza de sus músculos.

Cuando parecía que el movimiento iba a convertirse en la negligencia del desperezo, Ágata se acercó a la ventana. Pegada al vidrio espió con cautela el jardín de florecer espléndido que estallaba en ofertas. Pero, todavía no era la hora. Se desplazó lenta e imperial por las habitaciones, aun cuando iba pegada a la seguridad de las paredes. Hasta que la detuvieron ruidos de voces acercándose por el rumbo de la puerta. Voces que rodaban como por un túnel, para detenerse caracoleando frente al aire estupefacto de su escudo protector.

Un ramalazo de congoja la golpeó, como la había estado abatiendo antes, con golpes de marejada. Sentía el movimiento de cada ola de dolor naciendo y creciendo con el peso de la arena que el agua arrastra en sucesivos embates, hasta caer, envolvente, sobre ella; hasta llegar a sentir que carga el peso del mundo y que éste la aplasta, obligándola a moverse casi a ras del piso. En medio de ese naufragio Ágata había olvidado las claves para tenerse de pie y ya no sabía dónde estaban el arriba y el abajo. No recordaba quién es ni porqué sufre. Sólo sabía que ansiaba la fuga.

La huida era posible solamente a través de la ventana, como un pasadizo que llevara hacia los misterios el jardín. Hacia allá se dirigió, sinuosa y elástica, pero la ventana estaba cerrada y su abortado viaje naufragó en el gesto tembloroso con que fundió el rostro pegándolo a esa transparente y falsa esperanza. Intentaba consolarse a sí misma con un murmullo ahogado, pero era en vano, ante el tropel de la memoria. (Fragmento).

POEMA DE SULMA MONTERO


SULMA MONTERO
 
 
Nació en La Paz, Bolivia, con estudios en Literatura, Diseño y Artes, publicó los libros de poesía: Mujer con muñecas, edición personal, 2007. Infancia, edición personal, 2008. Tania en flor, editorial Plural, 2013. Capricho, editorial Plural, 2017. El libro de relatos Estuche original, editorial Gente común, 2011, y la novela Serena, editorial 3600, 2015, destacada en el Premio Internacional de Literatura Independiente Dino Buzzati, Italia, 2015.
 
Forma parte de las antologías: Alumbrando los pasajes de la urbe, Bolivia, 2018, Festival de poesía de Bolivia, 2018, Bolivia, 2018 y Poetas bolivianos contemporáneos, España, 2018. Algunos de sus textos se encuentran en las revistas La mariposa mundial y Estudios bolivianos.
 
Participó en encuentros literarios en Perú, Chile y Ecuador y Bienales de arte en La Paz, Santa Cruz de la Sierra y Almería. Fue galardonada con el Premio Plurinacional a las artes y la cultura Eduardo Abaroa, 2015, en la categoría de retoque digital.
 
En 2015 creó el taller itinerante Pintando mi vida, en el que trabaja haciendo arte junto a niños con capacidades diferentes, enfermedades terminales y trastornos psíquicos o emocionales. Dictó los talleres de Subversión poética y Samkasiña, inspirando a la creación literaria. También se dedica a la escultura, su otra gran pasión. Vive en La Paz.
*
 
Ahora que nos encontramos 
ante del anuncio irrenunciable 
de la vida. 
Ahora que un silencio de milenios
nos envuelve con su lira
y temblamos. 
Ahora que imágenes inauditas
descienden como pétalos
desprendidas de ráfagas violetas
y horizontes curvos. 
Ninguno de los dos se atreve
a seguir el regalo 
de un viaje más alto 
más bello y más oscuro. 
No hay vuelta atrás
tal vez nuestro destino sea
alimentar la soledad de la tierra. 

POEMA EN PROSA DE MARIA DE LA CRUZ BAYÁ


MARÍA DE LA CRUZ BAYÁ CLAROS
 
 Nació en Cochabamba en 1968. Poeta, abogada, docente de la Universidad Mayor de San Simón. Doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), ha sido docente de  varias universidades nacionales, y extranjeras como la UANL y el Centro de Estudios Parlamentarios en México.
 
Ha publicado obras científicas: Integración y Democracia una nueva Estrategia para el Desarrollo, Derecho y Procesos de Integración, Sistema Jurídico de la Integración, Teoría General de la Integración, y Expropiación Indirecta.
 
Sus obras literarias son Entre Alas y Raíces (1996), La Víspera del Deseo (2003), Los Inexistentes (2008),  Instrucciones para poseerme (2010. Tal vez la Tarde de la Vida, Calamarca por la vereda del tiempo (2014), Novena al Señor de Wilke (2014) y Via Crucis (2018).
 
Participó en eventos internacionales en Derecho, Política y Literatura en  Argentina, Chile, Colombia, Perú, Venezuela, Panamá,  Costa Rica, México, Estados Unidos, Francia entre otros. Ha sido declarada “Maestra Meritoria” del Estado por la Asamblea Plurinacional de Bolivia, y “Escritora Emblemática” por la Facultad de Humanidades de  la UMSS, Jurado de Concursos Nacionales y Departamentales de Poesía, Cuento, Narración e Interpretación Poética. Ganadora del último Concurso Nacional de Poesía en el marco del II Encuentro Cultural Docente promovido por la CUD en representación de la UMSS,  2018. Su obra aparece, entre otras en Poetas en Cochabamba el último año del siglo, 1999;  Las tres Marías, 2009; Antología de Escritoras cochabambinas, 2018, y Escritoras Contemporáneas Bolivianas, 2019.
Carta a Walter
He transitado caminos imposibles, he cobijado mis utopías en la cintura de la vida, he amado la luz, el tiempo y la libertad, pero no pensé que acunar el Sol sería una revelación de sentidos, emociones, colores y vértigo.
Cada paso tuyo descubrió en el tintero de los paisajes, las voces que germinaron desde las huellas haciéndose marcas indelebles en el viento, para retoñar en las orillas de los sueños que asombraron mi sangre. Entonces, enhebre el universo y la fe al andamiaje de tu sonrisa. La nada y el todo se conjugaron en ti.
Los revoloteos del tiempo fueron ganando la fiesta de la vida entre dinosaurios, libros, natación, verbos y sustantivos, para que la alquimia de la distancia nos alcanzara en algún punto en el que mi alma se quedó en el perchero detrás de la montaña desde donde puedo contemplar la pampa que va forjando los nuevos andamiajes de tus sentidos, reformateando las ausencias y la ansiedad de tu soledad. Quiero ser cóndor en ejercicio para volar a ti cada instante, quiero ser viento para besarte en cada paso de tu camino, quiero ser árbol vigía de tus sueños, quiero ser puerto de tus lágrimas y cobijo de tus sombras, y estoy aquí anclada en la lejanía… escribiendo versos a la vida y a la muerte entre alas y raíces, en la víspera del deseo, para no sentirme inexistente cuando doy explicaciones a la luna rasgando el cielo.
Actualmente, María de la Cruz Bayá es candidata a la Presidencia de Bolivia por la agrupación Primero la Patria. 2020

Proyecto EC- B

El proyecto sin fines de lucro EC-B fue creado en una habitación del barrio Almagro en Buenos Aires, el 16 de octubre de 2016 por la escritora boliviana Rossemarie Caballero Vega, con el propósito de compilar, difundir e incentivar la producción literaria de mujeres escritoras por origen o residencia en Bolivia. El proyecto comprende dos fases cada cual con diferentes momentos, tal es así que el primer momento de la fase 1 fue la creación de la página virtual Escritoras Cochabambinas (como homenaje a Cochabamba, cuna de la autora) y la publicacion de la antología Escritoras Cochabambinas poesía y narrativa de 22 poetas y 20 narradoras. La compilación estuvo a cargo de la gestora y los escritores Homero Carvalho Oliva y Gaby Vallejo Canedo. La obra fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Cochabamba, en octubre de 2018 ante la asistencia de las autoras incluidas en la antología, autoridades y lectores en general.

El segundo momento se realiza con la creación de la página virtual Escritoras Cruceñas y la publicación de la antología Escritoras Cruceñas, poesía, narrativa y drama, con el aporte de 36 autoras de Santa Cruz (ciudad donde la proyectista residió por varios años) sea por origen o residencia. 17 poetas y 17 narradoras y 2 dramaturgas conforman el volumen a presentarse en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, el 8 de junio de 2019. La compilación estuvo a cargo de Rossemarie Caballero en coordinación con las escritoras Centa Reck López y Márcia Batista Ramos.

El tercer momento y colofón de la fase uno, es la apertura de la página Escritoras Contemporáneas Bolivianas, en redes sociales, y la colaboración con textos de parte de las autoras del ámbito nacional e internacional nacidas en Bolivia o con radicatoria de años. La antología Escritoras Contemporáneas Bolivianas poesía, narrativa y drama, cuenta con material bibliográfico de autoras cuya trayectoria y producción es reconocida y valorada por el público lector y la crítica literaria. La obra se presentó en la Feria Internacional del Libro de La Paz, en agosto de 2019. La compilación, corrección de estilo y edición de los textos estuvo a cargo de la autora Rossemarie Caballero Vega, quien escribió la Presentación; las autoras que coordinaron conceptos con la gestora del proyecto son la autora Márcia Batista Ramos, quien escribió el análisis crítico, y la novelista Amalia Décker Marquez, quien escribió el texto en la contratapa. La portada se diseñó con imágenes cedidas por la artista Roxana Hartman, los interiores son fotos de la artista Mónica Rimassa. El prólogo lo escribió la historiadora Rosario Barahona Michel. La diagramación, edición e impresión están a cargo del Grupo Editorial Kipus, Bolivia.

La difusión de la Antología, con reseñas biográficas y muestras de la literatura de las autoras seleccionadas, por prensa y redes sociales está a cargo del equipo editor del Proyecto EC-B, supervisada por su gestora y directora.

Antología expuesta en el stand de Editorial Kipus, FIL LP, 2019

LANZAMIENTO DEL TERCER VOLUMEN DEL PROYECTO EC-B:

 ESCRITORAS CONTEMPORÁNEAS BOLIVIANAS, ANTOLOGÍA DE POESÍA, NARRATIVA Y DRAMA, 2019

PROGRAMA

Bienvenida al acto a cargo de la Sra. Julieta Caballero, presidenta del Club del Libro Ricardo Jaimes Freyre.

  1. Palabras del Sr. Pedro Camacho, presidente del Grupo Editorial Kipus.
  • Introducción a la antología de Escritoras Contemporáneas Bolivianas, por la Lic. Isabel Mercado Heredia, directora del diario Página 7.
  • Intervención y lectura de fragmento de obra por la novelista Verónica Ormachea, escritora contemporánea boliviana.
  • Palabras de la escritora Amalia Decker Márquez, coordinadora de la compilación y edición de la antología Escritoras Contemporáneas Bolivianas.
  • Presentación de la edición, por la autora Rossemarie Caballero, gestora y directora del Proyecto EC-B.

Brindis de honor y firma de ejemplares.

La Paz, agosto 9 de 2019

ACLARACIÓN NECESARIA: Ante probables errores de interpretación o mala fe, informamos que las Antologías Escritoras Cruceñas y Escritoras Contemporáneas Bolivianas (Poesía, narrativa &drama, 2019) son producto e idea del Proyecto EC-B con la colaboración de autoras y autores bolivianos. Los editores

Bolivia, junio de 2020

Créditos de la edición, 2019

ÍNDICE DEL VOLUMEN

Presentación

Prólogo

Análisis crítico

POESIA

  1. AQUIM ROSARIO
  2. BARBERY ALEJANDRA
  3. BAYÁ CLAROS MARIA DE LA CRUZ
  4. BOTELHO CRISTINA
  5. CAMACHO CAMARGO JANINA
  6. CARRASCO KORI BOLIVIA
  7. DUCHÉN PAOLA
  8. FREUDENTHAL JESSICA
  9. GARNICA BLANCA
  10. GUTIERREZ PAZ PATRICIA
  11. LANZA ADRIANA
  12. LOPEZ CALDERON RUTH ANA
  13. MENDOZA MICAELA
  14. MONTERO SULMA
  15. QUIROGA MARIA SOLEDAD
  16. RENDÓN VALLEJOS MARÍA LUISA
  17. ROZSA SILVIA
  18. SIMON KATHIA MARIA
  19. TALARICO GIGIA
  20. TAPIA ANAYA VILMA
  21. VACA CLAUDIA
  22. ZAPATA ARRIARÁN ADA
  23. ZAPATA PRILL NORAH

NARRATIVA

  1. AYLLON VIRGINIA                                                                               
  2. BARAHONA ROSARIO
  3. BAUDOIN MAGELA
  4. CABALLERO ROSSEMARIE
  5. DECKER MARQUEZ AMALIA
  6. MORALES FRANCO FABIOLA
  7. ORMACHEA VERONICA
  8. PEDRAZA PILAR
  9. QUIROGA ROSARIO
  10. RECK LÓPEZ CENTA
  11. RIVERO GIOVANNA
  12. RODRIGUEZ ROCA TERESA CONSTANZA
  13. ROMERO MERIDA CECILIA
  14. RUIZ CARMEN BEATRIZ
  15. RUIZ MARIANA
  16. SÉLUM YABETA ROXANA
  17. SILES LUISA FERNANDA
  18. SOZA MARTÍNEZ ELIANA
  19. URIOSTE CAMILA
  20. VALLEJO CANEDO GABY
  21. ZABALAGA DE QUIROGA GIANCARLA

DRAMA

  1. ACHA LUZ MARIA
  2. BATISTA RAMOS MÁRCIA
  3. BUSTILLOS VILA KATHERINE
  4. DERPIC LAURA
  5. MONJE MARY
  6. PEÑA PEDRAZA DOLLY

La presente edición Escritoras Contemporáneas Bolivianas,

antología de poesía, narrativa y drama

se terminó de imprimir en Cochabamba

en el mes de julio de 2019

en Grupo Editorial KIPUS

c. Hamiraya 127 ●Telf./Fax: (591-4) 4582716/4237448

Rossemarie Caballero Vega, gestora y directora del proyecto EC.B
Tres antologías de la obra de escritoras, compiladas por la gestora y directora del proyecto, en coordinación con autores y autoras bolivianas.

7 Comments on “Escritoras Contemporáneas Bolivianas

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